Durante la fase regular, Dallas tuvo récord favorable de 3-1 sobre Golden State, pero una final divisional, en este caso el Oeste, es harina de otro costal, y en el primer duelo los Mavericks fracasaron por paliza, teniendo Luka Doncic el peor desempeño en los playoffs de toda su carrera.

El esloveno marcó 20 tantos, dos en la segunda mitad y cometió siete pifias, sin poder sobreponerse a defensas especiales, en la que el coach Steve Kerr le rotaba constantemente sus defensores, lo que jamás le permitió caer en ritmo ofensivo y colgándose como pasador.

Si bien es cierto que jugó con dolores en su hombro derecho y recibió un arañazo fortuito del canadiense Wiggins en el rostro, su sempiterna sonrisa se mantuvo apagada y tampoco sirvió de inspiración a sus compañeros, salvo Brunson, con 14 tantos y cuatro asistencias; y el escolta Dinwiddie, 17 puntos saliendo del banco.

Entretanto, los Warriors se emplearon colectivamente con solvencia, con siete en doble dígitos y Curry con 21 y 12 rebotes, lo que no es su especialidad.

En la conferencia de prensa, Doncic se echó toda la culpa y dijo que debía mejorar en todos los aspectos, lo mismo que piensa su entrenador, Jason Kidd, integrante del único cetro ganado por los Mavs en 2011.

Al terminar tercero, GS tiene ventaja de ‘home court’, pero si los Mavericks, que eliminaron a los favoritos Suns, no se encarrilan, difícilmente se llegue a un séptimo desafío.

A Doncic siempre se le ha criticado por poseer mucho tiempo el balón, lo que causa que le impongan un mejor resguardo, y normalmente toma alrededor de 30 disparos.

El dueño Mark Cuban es su principal admirador, y con su edad, apenas 23 primaveras, aumentan sus deseos de heroísmo.

Tenemos, pues, que la Lukadependencia es un arma de doble filo, y solo el futuro cercano dirá si es actualmente uno de los más sobresalientes en la NBA, tierra de estrellas por doquier…