Cualquiera otra tenista, tras la retahíla de lesiones, seguramente habría guardado la raqueta para siempre, y continuar como analista televisiva, tal como ha hecho recientemente con ESPN.

Sin embargo, Mónica Puig, de 28 años, insiste en continuar a pesar de sus operaciones en el hombro derecho, que ahora mismo evitó que compitiera en el torneo de Estrasburgo como antesala al grand slam de Roland Garros, en París.

De hecho, ha visitado dos veces el quirófano por dicho percance, y una vez por el codo en 2019.

En total tuvo un parón de año y medio, y reapareció el pasado 29 de abril en el Abierto de Madrid, perdiendo con la estadounidense Danielle Collins.

Posteriormente, fue a Francia al WTA 125K y tuvo abandonar cuando fracasaba, 2-1 frente a la nativa Fiona Ferro.

Obviamente, su agente Marijn Bar ha dispuesto que no vea acción durante varias semanas.

Asimismo, llama la atención la cantidad de entrenadores que ha tenido la medallista de oro en la Olimpiada de Río, en 2016: Alain De Vos, Ricardo Sánchez, Juan Todero, Kamau Murray, Othmane Garma, Philippe DeHaes, Diego y Dorial Descloix, su actual.

Esto, sin dudas, no es común en la WTA, y todos han insistido en que debía mejorar su condición física y su aptitud mental, pues se desempeña mejor con las altas del ranking y mal con las noveles.

Desde su debut profesional en 2010, ha obtenido ganancias sobre los tres millones de dólares, y un montón de auspicio comercial en su patria.

Su padre José, cubano-estadounidense, y su madre Astrid Marchán, han estado muy pendientes de su carrera, aunque viven en la Florida.

Lo que resta de 2022 es vital para el futuro de Mónica, chapada de humildad y nobleza, ya que si no frena su deterioro corporal tendrá los días contados: cada mes surgen jóvenes talentosas en todos los continentes.

Su batacazo en Río la colocó como la primera latina en coronarse, ya que la argentina Gabriela Sabatini fue ganadora de plata en Seúl 1988, pero triunfó en un US Open y  finalista en Wimbledon.

Puig y su entorno tienen los dedos cruzados y esperanzados en que su hombro deje de ser su talón de Aquiles…