El traspié de Canelo ante Bivol, sorpresivo en las casas de apuestas de Las Vegas, que desfavorecían al ganador, 5 a 1, puede definirse con dos frases populares: de cualquier maya sale un ratón y tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.

En esta ocasión, la audacia desmedida de Canelo no rindió frutos porque se encontró un rival invicto, con gran ventaja en estatura y alcance, de gran técnica y puntería, que gusta de combatir en el ombligo del cuadrilátero, amén de aguante y estámina.

Desde que el promotor Eddie Hearn anunció oficialmente la reyerta para el 7 de mayo, el ruso, sin pecar de bravucón, sentenció que ganaría fácilmente por reinar en la AMB en su peso natural: 175 libras, y que Canelo lo había menospreciado por su escasa experiencia profesional: 19-0 y 11 nocauts.

Sin embargo, su récord de 268-15 en el campo amateur denota experiencia de sobra, máxime cuando empezó a combatir a los 6 años, y ganar varios títulos continentales y mundiales desde 2005, en la escala de Cadetes.

Coincidentalmente, los tres jueces: Tim Cheatman, Dave Moretti y el controversial Steven Weisfeld, tuvieron la misma votación: 115-113, anotando igualmente a favor de Canelo del 1 al 4, más el noveno.

ESPN la vio, 116-112, y es de imaginar que Canelo, a pesar de que dijo que había ganado, reconoció en su entorno que había sucumbido al quedarse sin oxigenación tras el décimo giro.

En el pasado, Canelo tuvo dificultad con esgrimistas como Mayweather y el cubano Erislandy Lara, y con Sergei Kovalev, en 2019, a quien noqueó en el 11, capturando el cetro semicompleto de la OMB, pero con paridad en las cartulinas de los oficiales.

Es más, Kovalev solamente entrenó ocho semanas para medirse al azteca, y es lógico pensar que en su mente solo estaba la millonada que devengaría.

Hay una norma no escrita que peleador grande bueno casi siempre supera al más chico: el mejor ejemplo fue Mantequilla Nápoles, rey welter indiscutible, que retó a su similar, el mediano argentino Carlos Monzón, quien en 1974 lo apabulló y no respondió al campanazo del séptimo.

Obviamente, Canelo enfrenta ahora un camino de incertidumbre: se mantiene en las 168, antagoniza con Golovkin por tercera ocasión, va al desquite con Bivol o acepta el reto de su paisano David Benavidez.

Ahora bien, ya no es quien manda en el ranking de los mejores, y es menester que admita que pifió al rivalizar con Bivol, quien ahora tiene la sartén por el mango…