El destino, la mala suerte, o ambos a la vez, parecen haberse empeñado en evitar que la venezolana nativizada Alejandra Argüello, miembro de la Selección Nacional de su país, haya podido jugar en la liga boricua.

Por falta de visa de trabajo, la jugadora de 24 años y 6-2 de estatura, que se desempeña como opuesto y central, no pudo jugar en el torneo del 2020 cuando pertenecía a las Amazonas de Trujillo Alto ni en el del 2021, cuando había sido reservada por las Pinkin de Corozal.

“Para la de 2020, con Trujillo Alto, finalmente me llegó la visa”, recordó. “Pero el día siguiente, cuando iba a ser mi debut, se suspendió el resto de la temporada por el coronavirus y nunca pude jugar”.

Con Corozal, en 2021, estuvo todo el tiempo viendo el juego desde el banco, esperando la visa que esta vez nunca llegó.
“No había querido solicitar la residencia porque eso es algo que toma mucho tiempo —pueden ser 10 meses—, pero después de lo que ocurrió el año pasado sí decidí solicitarla”.

La jugadora venezolana ya obtuvo su carné de residente en Puerto Rico. [suministrada]

La buena noticia es que por fin se hizo residente, y ya no necesita de visa alguna para poder jugar. Incluso parecía encaminada a hacerlo con las hexacampeonas Criollas de Caguas, quienes la reclamaron en el sorteo cuando Corozal no la incluyó entre sus reservas para el 2022.

La mala noticia, sin embargo, es que este año de todos modos ella no va a poder jugar.

“No hubiera habido problemas si la temporada hubiese empezado en febrero, como siempre”, dijo. “Pero al empezar el 18 de mayo, ya no puedo, porque la fecha límite para las transferencias de una liga a otra es el 15 de mayo”.

La razón por la que eso le afectó a ella, y a las otras dos venezolanas nativizadas en Puerto Rico, Oneida González y Shirley Florián, es que Venezuela pertenece a la Confederación Sudamericana de Voleibol, y Puerto Rico a Norceca (Norteamérica y el Caribe).

Norceca permitió que Puerto Rico retrase su torneo hasta comenzar después del 15 de mayo, lo cual a su vez permite que las jugadoras de Estados Unidos, República Dominicana, Cuba, México y Puerto Rico, por ejemplo, puedan jugar sin problemas.

Pero el permiso para que una jugadora que pertenece a una confederación pueda jugar fuera de fecha en una liga de otra confederación, le corresponde a la Federación Internacional, y en este caso el organismo mundial no lo concedió.

“Sí estoy un poquito frustrada”, comentó Alejandra, quien  cualificó para ser nativizada al estudiar aquí en la Universidad Ana G. Méndez.

“Yo tengo mi trabajo para mantenerme, pero me gusta jugar  voleibol”.

En fin , para este año, ya se descartaron los esfuerzos adicionales para lograr que la Internacional abra el puño.

Así que lo próximo para Alejandra será jugar por su país cuando este reclame sus servicios.

Para el año que viene, sin embargo, sabe que es probable que Caguas sí pueda aprovechar sus servicios: para empezar, Neira Ortiz, quien este año será una de las centrales estelares del equipo junto a Diana Reyes, debe regresar nuevamente a las Sanjuaneras de la Capital cuando ese equipo cumpla su suspensión por un año, y Alejandra podría ocupar su lugar.

“Yo creo que Caguas sí está interesado en reservarme, y a mí me gustaría también: (el dirigente) Juan Carlos Núñez me conoce bien, porque fue mi coach durante seis años en el equipo de Ana G. Méndez”.

Entretanto, Alejandra por lo menos ya ha tenido la oportunidad de ponerse el uniforme en un juego, al ver acción el pasado fin de semana con el equipo en el torneo preparatorio celebrado en Manatí.

Por un lado, ella había venido asistiendo a las prácticas para ayudar, en unos momentos en los que muchas de las jugadoras regulares aún no habían llegado a Puerto Rico y, por el otro, no iba a encontrar ningún impedimento de parte de la Internacional porque tanto las practicas como los juegos de exhibición se celebraron antes del fatídico 15 de mayo.