Tal como se esperaba, las negociaciones en torno al nuevo convenio del béisbol de Grandes Ligas se paralizaron por completo una vez que los dueños implantaron el cierre patronal el pasado 2 de diciembre. 

La razón para esto es que, en temporada muerta, no ha habido urgencia para comenzar a negociar, a pesar de que hay numerosos asuntos que se quedaron en el aire, tales como la firma de agentes libres. 

Pero ahora que ha llegado enero y que los entrenamientos primaverales están a la vuelta de la esquina, incluyendo la época —a mediados de febrero— en que los lanzadores y receptores empiezan a reportarse a sus campos de entrenamiento, se espera que la hornilla de las negociaciones comience a calentar nuevamente. 

En efecto, de acuerdo a un artículo publicado días atrás por Evan Drellich, de la página deportiva The Athletic, hay indicios de que los dueños se aprestan a presentarle a la Asociación de Peloteros una nueva propuesta relacionada con los asuntos económicos básicos. 

De acuerdo al artículo, se espera que esto ocurra antes de que concluya el mes de enero. 

Eso de por sí es algo positivo, aunque previsible por completo. 

Lo importante, sin embargo, será saber si la nueva propuesta de los dueños muestra algún movimiento a favor de lo que están exigiendo los jugadores, o si sencillamente se limita a mantener sin muchos cambios su postura inicial, que consiste, de hecho, en que los acuerdos se mantengan tales como estaban en el convenio anterior. 

Los jugadores, entretanto, exigen cambios en dos aspectos cruciales: la elegibilidad para arbitraje y la elegibilidad para la agencia libre. 

En el último convenio los peloteros se hacían elegibles para el arbitraje después de su tercera temporada, y para la agencia libre después de la sexta. 

La unión basa sus exigencias en la afirmación de que, en los últimos años, ha ido disminuyendo el salario promedio de los jugadores, y no aumentando. 

También la unión está pidiendo cambios en otros aspectos económicos secundarios, que alega que violan el espíritu de un convenio colectivo saludable. 

Por ejemplo, la tendencia de los equipos a reducir el promedio de edad de sus equipos, descartando poco a poco los jugadores más veteranos y más caros, para sustituirlos por jugadores más jóvenes y baratos. 

Y, también, lo que llaman tanking: la creciente tendencia de los equipos a darse por vencidos temprano en la temporada deshaciéndose mediante cambios desiguales de sus jugadores más caros para reducir sus gastos. 

La unión entiende que esa práctica conduce a que se debilite el interés de la fanaticada de esos equipos, incluso en franquicias de gran arraigo —como los Cachorros de Chicago—, lo cual a la larga afecta también el bienestar de la industria del béisbol. 

Así, si la nueva propuesta de los dueños no ataja siquiera algunas de estas preocupaciones de la unión, es de esperarse que el cierre patronal no se resuelva en poco tiempo, y que empiece a peligrar el comienzo de los entrenamientos primaverales. 

Un precedente es lo ocurrido en la última gran huelga del béisbol, en 1994, la cual dejó seriamente incapacitada por varios años a la industria.

El 12 de agosto de 1994, en plena temporada, los dueños decretaron el paro laboral, y la intransigencia de ambas partes condujo no solo a que se cancelara el resto de la temporada, sino toda la postemporada, incluyendo la Serie Mundial, siendo la primera y única ocasión que eso ha ocurrido. 

La intransigencia, de hecho, se extendió hasta el comienzo de los entrenamientos primaverales de 1995, cuando los equipos comenzaron a construir sus rosters con jugadores sustitutos: veteranos agentes libres que no estaban en los rosters de Grandes Ligas. 

Y hasta empezaron a jugar así sus partidos de exhibición. 

Cuando el arreglo llegó el 2 de abril de 1995, después de 232 días de estancamiento, solo hubo tiempo para que los equipos hicieran un entrenamiento acelerado y la temporada regular quedó recortada de 162 a 144 juegos, al comenzar más de tres semanas después de lo previsto.