En Puerto Rico se tiende a postergar a héroes y heroínas del ayer deportivo, y si no fuera por los escritores e historiadores como Carlos Uriarte, Jorge Colón y Jossie Alvarado, entre otros, las generaciones nuevas sabrían todavía menos acerca de estas glorias.

Y tal es el caso de la exnadadora Anita Lallande, fallecida el 19 de diciembre, lo que se dio a conocer públicamente aquí por Uriarte hace un par de días, ya que luego de retirarse se mudó a Estados Unidos, convirtiéndose en una periodista y laborando en revistas prestigiosas como Newsweek y Business Week, desposándose con Robert Giffen, teniendo dos hijos: Kyle y Nicole.

Su padre, Gus Lallande, fue el propietario de la empresa arrocera Sello Rojo, y fue quien la motivó a sumergirse en la natación a temprana edad en Caparra Country Club.

Anita, fue la reina de los X Juegos CAC en 1966, ganando 12 medallas, diez de oro y dos de bronce, destacándose en las modalidades libre, mariposa y dorso, más en los combinados.

Tuve el placer de verla competir en dos jornadas en la Piscina de El Escambrón, recién inaugurada, y que también fuera la alberca en donde Jesse Vassallo deslumbrara con el equipo de Estados Unidos en los Juegos Panamericanos del 1979 porque se impuso una reglamentación de residencia fija aquí para poder defender los colores boricuas, lo que fue una vileza del entonces presidente federativo, cuyo hijo competía en las mismas pruebas y no podía vencerle.

Pero volviendo a Anita, otra de sus grandezas fue que a pesar de su sangre estadounidense disfrutó sentirse puertorriqueña, e incluso vio acción en la Olimpiada de Tokio, en 1964, y en los Panamericanos de 1967, en Winnipeg, Canadá.

Salvo las hermanas Poll, Claudia y Sylvia, de padres alemanes, nacidas en Nicaragua y naturalizadas costarricenses, nadie superaba en metales en América Latina a Lallande.

De hecho, Papo Franceschi, de Ponce, fue otro paladín que tras su primer lugar en los 400 metros lisos, imponiendo récord de 46.7, con dolencias en un brazo, entró a las páginas del olvido.

Relegación, pues, debe ser un vocablo borrado de los anales deportivos y acentuar que recordar es vivir eternamente…

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