El veterano entrenador de boxeo y también leyenda viviente del boxeo cagüeño y puertorriqueño, administrador del gimnasio municipal José ‘Cheo’ Aponte, Orlando Piñero, lo llamaba “mi papá cubano”, y este miércoles, al enterarse del fallecimiento de Julián Delgado a la edad de 91 años, simplemente se limitó a decir: “Era el pilar… todo lo que yo soy se lo debo a Dios y a él”. 

En efecto, aunque nació en Caimito del Guayabal, cerca de La Habana, Cuba, Julián llevaba viviendo en Caguas más de 50 años y como entrenador de boxeo, condujo al campeonato o trabajó con ellos en peleas de campeonato con figuras como Alfredo ‘El Salsero’ Escalera, Orlando Fernández, Sugar de León (para su pelea con  Evander Holyfield, entre otras), Rafy Solís y Juan Carazo, así como a otras luminarias como Alberto Mercado, Boritruck Negrón, Nicolás ‘El Puma’ Ortiz y Arístides Merced. 

En los últimos años, aunque no estaba vinculado activamente al boxeo, también estuvo muy allegado a Jesús Rojas. 

Julián, quien incluso fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Cagüeño en el 2008, llevaba 21 días recluido en el Hospital Menonita, donde falleció en horas de la noche del martes. 

“Lo llevamos allí porque tenía muchos problemas para respirar —él siempre tuvo problemas con los pulmones—, y, al final, tenía mucha agua en los pulmones y un fallo renal, y se fue deteriorando”, dijo Angela Delgado, una de sus hijas. 

Su otra hija, Josefa, que reside en Florida, vino a Puerto Rico para acompañar a Angela, quien reside en Carolina, durante todo el tiempo de su hospitalización. 

Delgado–aquí junto al excampeón mundial Jesús Rojas–fue el fundador del Gimnasio Bairoa de Caguas. [foto Pepo Pereira]

Se hacen arreglos con la funeraria Buxeda en relación con su sepelio. 

“El siempre fue una persona muy buena con nosotros”, comentó a su vez Evangelista Cotto, quien, junto a su hermano Miguel Cotto, padre, heredó de Julián la administración del gimnasio Bairoa cuando este se retiró en el verano de 1993. 

“Nosotros (mi hermano y yo) veníamos del Cheo Aponte, pero queríamos tener nuestro propio gimnasio, que iba a ser en la barriada Bunker en Caguas”, dijo Evangelista, “pero mientras que lo habilitaban, estuvimos un tiempo entrenando en el Bairoa con Julián”. 

“Me acuerdo que él se pasaba diciéndonos, “¿pero por qué no se quedan?” y eventualmente le tomamos la palabra porque el gimnasio del Bunker nunca lo pudimos utilizar: no sabíamos que estaba en tierra inundable y vino una inundación y lo destruyó todo”. 

A los dos  años de laborar junto a Julián en el Bairoa, este se retiró y  dejó el gimnasio en sus manos. 

Durante 16 años, entretanto, Evangelista ha venido celebrando anualmente el torneo Julián Delgado en el Bairoa. Este año, en noviembre, el torneo iba a retornar luego de dos años de ausencia por la pandemia, pero tuvo que cancelarse cuando la Federación de Boxeo no lo autorizó debido a que tenía programado otro torneo para una fecha cercana. 

Pero el torneo regresará el año que viene, “ahora con más razón que nunca”, dijo Evangelista. “Por lo menos yo tengo el orgullo de que le hice los reconocimientos estando en vida”. 

Julián, de paso, nunca vivió del boxeo: tenía su propia fábrica de marcos y puertas de acero, Indumec, y constantemente estimulaba a sus allegados —tanto boxeadores, como entrenadores, como su discípulo directo, Piñero– a labrarse una vida más allá del boxeo. 

En su juventud, Julián había vivido una vida tan agitada que serviría para escribir varias biografías, incluyendo el haber huido de Cuba a principios de los años sesenta en un carguero griego que iba a China, pero que se quemó y hundió cerca de la costa occidental mexicana. Allí Julián estuvo preso durante varias semanas y, al salir, trató de entrar ilegalmente a territorio estadounidense, donde fue capturado de inmediato y enviado a una cárcel de El Paso, Texas. Tras pasar otra temporada tras las rejas, Julián finalmente fue dejado en libertad en El Paso al darle refugio las autoridades norteamericanas. 

Desesperado, llamó a su hermana Berta, quien había sido una destacada atleta en Cuba, ganando incluso la medalla de bronce en  el atletismo de los Centroamericanos de 1946, celebrados en Barranquilla, Colombia. 

Berta, quien vivía en Puerto Rico, lo trajo a vivir con ella. 

Ya en la Isla, Julián comenzó a trabajar en Caguas con una compañía de calderas de vapor y cueros, oficios que él había aprendido en la milicia en Cuba. 

“Pero un día yo iba hacia Ponce a reparar una caldera cuando, saliendo de Caguas hacia Cayey, vi en el patio de una casa a un hombre que estaba  saltando una cuica”, señaló en una entrevista publicada por La Semana en el 2018. 

Por curiosidad, se detuvo y conoció así a Samuel Centeno, quien era un  boxeador aficionado, y estaba entrenando en la casa de un farmacéutico aficionado al boxeo llamado Oscar Cartagena. 

Al poco tiempo Julián, quien se había criado en un orfelinato en Cuba, donde había aprendido a boxear, comenzó a frecuentar el lugar para asesorar a Centeno. Luego otros boxeadores comenzaron a unirse al grupo, incluyendo al legendario peleador cagüeño Cheo Aponte, quien era profesional. 

“Entonces estuvimos un tiempo errantes, buscando gimnasio y saltando de lugar en lugar”, dice. 

Hasta que Julián fundó el Bairoa en 1976.