El proceso de aprendizaje del noqueador de ascendencia boricua Edgar Berlanga continuó el sábado y llegó a peligrar seriamente cuando el supermediano de 24 años fue estremecido varias veces por derechazos y cayó en mal estado a la lona en el noveno episodio antes de vencer por decisión unánime al veterano peleador argentino Marcelo Esteban Cóceres. 

El combate formó parte de la cartelera celebrada en la T-Mobile Arena de Las Vegas que sería estelarizada por la defensa titular de Tyson Fury, campeón peso completo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) ante Deontay Wilder. 

Ahora con marca de 18-0 y 16 nocauts, Berlanga había visto detenida en abril su cadena de 16 nocauts en el primer asalto en su última pelea, cuando derrotó por decisión unánime en ocho episodios a Demond Nicholson, aunque lo envió cuatro veces a la lona.

Ante Cóceres, de 30 años y ahora 30-3-1 y 16, Berlanga no solo no pudo derribar a su rival, sino que confrontó problemas con sus constantes movimientos y golpes rápidos lanzados en riposta. 

Berlanga dominó los primeros asaltos con su poderoso jab y ocasionales derechazos a la cabeza de su rival, pero en el sexto, Cóceres lo estremeció dos veces con derechazos, y en el noveno le hizo caer de espaldas con un contundente derechazo a la cabeza. 

Berlanga se reincorporó pero de inmediato recibió otro derechazo, con la suerte de que el asalto estaba terminando. 

Los tres jueces le dieron la pelea 96-93 a Berlanga, quien conquistó el vacante cetro de la NABO con la victoria. 

Por su parte, el dos veces campeón olímpico cubano Robeisy Ramírez se apuntó la victoria más importante de su joven carrera como profesional al derrotar por decisión unánime al boricua Orlando ‘Capu’ González en una de las primeras peleas de la cartelera.

Robeisy mejoró su marca a 8-1 con cuatro nocauts mientras que González, de Aguadilla, quedó en 17-1 y 10. 

Las tarjetas fueron 99-91, 99-91 y 97-93. 

En un enfrentamiento táctico entre dos zurdos de excelente técnica, el cubano tuvo un ataque más variado que el boricua, que dependía casi exclusivamente de su izquierda, conectando a menudo su derecha en gancho y en óper, así como al cuerpo, y González terminó con la cara enrojecida por los golpes. 

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