Los mejores equipos en cada conferencia durante la temporada regular en la NBA quedaron eliminados sorpresivamente en la ronda semifinal de la postemporada.

Luego de terminar con el mejor récord de toda la liga, el Jazz de Utah quedó fuera tras perder la serie en seis juegos contra los Clippers de Los Angeles, mientras que los 76ers de Filadelfia perdieron el juego siete en su tabloncillo contra los Hawks de Atlanta. 

No hay excusas

A ambas franquicias se les va a complicar el argumento de lesiones como excusa justificable de sus fraudulentas eliminaciones. El Jazz no tenía a un Donovan Mitchell al 100%, mientras que el armador estelar Mike Conley sólo pudo jugar el último partido de la serie. Sin embargo, las últimas dos victorias de los Clippers fueron sin posiblemente el MVP de la postemporada hasta ese punto, Kahwi Leonard. En Fili, Joel Embiid jugó a pesar de dolencias en un menisco, liderando al equipo en puntos, rebotes, tapones y porcentaje de campo en la serie. También perdieron a Danny Green. Pero los Hawks no contaron con los servicios del mejor jugador defensivo de perímetro y tercer mejor anotador del equipo en De’Andre Hunter, adicional a que la experiencia de postemporada entre Atlanta y Filadelfia era incomparable tomando en consideración la juventud de los Hawks.

¿Qué pasó entonces?

Ambas franquicias tienen un problema semejante, aunque contrasta en la manera que se expresan en la competencia. El concepto de la falta de química, usado vagamente para justificar cualquier debacle inesperada, sí parece perseguir a ambas escuadras. En el caso de Utah, ya van dos años de rumores insistentes de problemas fuera de la cancha entre las dos estrellas, Mitchell y Rudy Gobert. Tanto fue el ruido que ambos tuvieron que comentar, y aceptar, los problemas fuera de cancha. “Estamos trabajando con eso. Sí hubo molestias, pero ambos queremos lo mejor para el equipo”, comentó Mitchell antes de la entrada a la burbuja el año pasado. 

En esta ocasión, tras la eliminación, Gobert recibió la mayor parte de las críticas ya que, a pesar de ser el ganador al premio de Jugador Defensa del Año, tuvo problemas con el cuadro pequeño de los Clippers, permitiendo continuos tiros solos de tres en las esquinas. Sin embargo, las estadísticas de avanzada confirman que la mala defensa en el perímetro del Jazz, en especial la de Mitchell, Jordan Clarkson y Bojan Bogdanovic, obligaban al francés a abandonar a su jugador para no permitir un carrusel de güiras por el mal trabajo de sus compañeros. “Al final del día no jugamos juntos. En el momento de la verdad jugamos como individuos y no supimos responder a los golpes de los Clippers”, expresó Gobert después del partido. 

Rudy Gobert tuvo problemas con el cuadro pequeño de los Clippers. [suministrada]

En Filadelfia, Ben Simons y Embiid parecen disfrutar de una amistad cotidiana, pero los problemas en cancha han sido obvios desde su primer minuto juntos, y lucieron exponencialmente peor en la serie de eliminación. Para alguien que vive dominando en la pintura como Embiid, los problemas de spacing que trae la falta de tiro a distancia/fobia sicológica a tirar el balón de Simmons, los convierten en un junte añejo para el baloncesto moderno. En la serie contra Atlanta, Simmons promedió unos míseros ocho puntos, tirando 32% del tiro libre, y permitiéndoles a los Hawks implementar la estrategia bautizada como el Hack a Shaq, en la que se le propina faltas intencionales al peor tirador del contrincante. La estrategia dio frutos en toda la serie, en especial en el quinto juego, en el que los 76ers llegaron a estar dominando por 24 puntos en la segunda mitad, solo para perder 109-106. Simmons fue a la línea de tiros libres 10 veces durante el rally de los Hawks, anotando solo dos de estos. El séptimo juego no fue diferente. “Te seré honesto. Yo pienso que el punto que cambió el juego, no sé ni cómo decir esto, fue cuando teníamos un tiro solo y solo terminamos con un tiro libre”, expresó Embiid luego de la eliminación, haciendo referencia a un punto en el cuarto periodo donde Simmons, completamente solo debajo del canasto, le pasó la bola a un compañero que recibió la falta. 

¿Qué puede pasar?

Ninguno de los dos equipos tiene flexibilidad económica alguna como para hacer grandes adquisiciones a través de la agencia libre. Rumores de una inevitable ruptura han perseguido al dúo de Fili desde el 2018, su primera participación en la postemporada, cuando Simons lució magistral en la primera ronda sin Embiid— quien estaba fuera por una de sus decenas lesiones—, y prácticamente nulo cuando regresó el estelar centro el resto de la postemporada. 

A preguntas de la prensa luego de la eliminación de cuál debería ser el rol de Simmons en la escuadra, el dirigente Doc Rivers respondió con un sencillo “no sé la respuesta a esa pregunta”. 

Simmons no intentó ni un tiro de campo en el cuarto periodo de los últimos cuatro juegos de la serie contra los Hawks. Los más de $150 millones restantes en su contrato y lo inusual de su estilo de juego, convierte a Simmons en una pieza difícil de encajar en posibles traspasos, y menos ahora cuando su valor está en su nivel más bajo luego de una horrenda postemporada. Aun así, es posible que Simmons esté en medio de muchos rumores este verano. Ya, hoy mismo, se puede apostar en Las Vegas cuál será el próximo equipo de Simmons. 

En Utah hay un caso similar. Los contratos por el máximo salarial de Gobert y Mitchell, junto al de Bogdanovic y el próximo contrato de Conley, quien entra a la agencia libre luego de un contrato de más de $140 millones, complican el panorama en relación a posibles movidas, dejando sobre la mesa solo la posibilidad de un traspaso de una de sus estrellas. 

Hay mucha más probabilidad de continuidad en la escuadra del Jazz que en la de los 76ers, pero si algo hemos aprendido de la NBA en años recientes, es que ninguna movida nos debe sorprender, y después de estas debacles, por algún lado tiene que cortar la soga.

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