Pudo haber sido show, pero, si lo fue, los dos merecen por lo menos una nominación para el Oscar. 

En lo que a las recientes peleas de exhibición se refiere, la celebrada en la noche del sábado por Julio César Chávez, padre y Héctor Camacho, Jr. merece pasar de inmediato al primer lugar, al terminar convirtiéndose en una pelea de verdad. 

Celebrada en el Estadio Jalisco, de Guadalajara, la cosa empezó mal: en vez de llevarse a cabo a seis asaltos, como se había adelantado, y sin protectores de cabeza, terminó efectuándose a cuatro asaltos de dos minutos, con guantes de 12 onzas, y con los protectores que usan los aficionados juveniles. 

Después de lo ocurrido sobre el ring, sin embargo, pareció que esas medidas se tomaron más bien porque se preveía que el legendario Chávez, de 58 años y Machito, de 42, hijo del también legendario Macho Camacho, no iban a estarse con juegos sobre el ring. 

Chávez posa junto a sus hijos a la llegada al estadio en Guadalajara. [suministrada]

En los primeros dos asaltos, ante un gran público en el estadio capacitado para 67,000 espectadores, Camacho se dedicó a usar el estilo característico de los Camacho: boxear, moverse, usar el jab y agarrar, mientras que Chávez, aunque comprensiblemente más lento que en sus tiempos de plenitud, lo acosaba, lanzando y conectando sus famosos ganchos al cuerpo. 

Al final del segundo la pelea calentó y Camacho despachó una serie de golpes contundentes a la cara de Chávez, quien se retiró en 2005. 

Chávez incluso pegó un golpe luego del campanazo, pidiendo excusas por ello. 

En el tercero la pelea siguió calentando y, de nuevo al final del episodio, Camacho soltó una feroz andanada que hizo tambalear al ídolo mexicano que había derrotado a su padre en 1992, y los dos terminaron lanzándose golpes incluso después de la campana. 

Evidentemente furioso, Chávez caminó maldiciendo hacia su esquina e hizo que le quitaran el protector, retando a Camacho a quitarse el suyo también para el último episodio. 

Así lo hizo, pero Camacho, de 42 años, y quien pesó 160 libras, unas 15 menos que su rival, se mostró renuente a seguir peleando de esa manera frente a alguien tan mayor y se le vio preguntando si estaría bien hacerlo. 

Camachito ataca a Chávez, quien falla con su mano izquierda. [suministrada]

Al final, ambos volvieron a ponerse las caretas, pero provocaron la emoción y los gritos del público al intercambiar golpes furiosamente en el episodio final, Chávez enfatizando, como siempre, sus golpes pulverizantes a los planos bajos. 

De paso, Chávez hizo que Canelo Alvarez, quien estaba sentado cerca del ring, subiera a su esquina para ese último asalto de la pelea que él había prometido que sería la última de su carrera, exhibición o no exhibición. 

Al no haber jueces, como suele pasar en las exhibiciones, no hubo decisión, pero esta vez sí pareció existir el peligro de que hubiera un nocaut, o por lo menos una caída. 

“La acción superó con creces la de otras peleas parecidas”, escribió Lyle Fitzimmons en Boxingscene.com. “con numerosos intercambios y algunos golpes ilegales luego de la campana también”. 

Luego, todo volvió a la normalidad: “Para mí, fue un honor estar en un ring con él”, dijo Camacho. “Hubiese deseado que mi padre estuviera aquí conmigo”. 

La noche fue especialmente dolorosa para los Chávez, sin embargo, cuando tanto Julio César, Jr. como Omar, sus hijos, sufrieron derrotas. 

La del junior, un excampeón peso mediano, fue especialmente dolorosa cuando cayó por decisión dividida en ocho asaltos y las 184 libras ante el brasileño Anderson Silva, un excampeón de MMA de 44 años que había perdido la úַnica pelea que había hecho como profesional. 

Entretanto, Omar, un veterano peso mediano, perdió por decisión unánime en ocho asaltos ante Ramón ‘Inocente’ Alvarez, el hermano de Canelo, en la pelea decisiva de su trilogía.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*
*