Aparte de ser un invicto campeón mundial, el británico Billy Joe Saunders posee una personalidad locuaz y ocurrente que a veces le ha traído problemas, aparte de lo que parece ser un arrogante exceso de confianza en sus habilidades y un estilo boxístico basado en la velocidad y en el buen boxeo. 

Tal vez por todas esas razones, muchos creen que el peleador zurdo de 5-11 de estatura y 31 años de edad, con marca de 30-0 y 14 nocauts y reconocido como campeón supermediano de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) luego de haber reinado en las 160 libras para el mismo organismo, tiene buenas probabilidades de triunfo cuando se enfrente este sábado al mexicano Saúl ‘Canelo’ Alvarez en un combate unificatorio en el AT&T Stadium de Arlington, Texas. 

Alvarez, de 5-8 y 30 años de edad y con marca de 55-1-2 y 37, goza del reconocimiento campeonil de los tres organismos restantes (FIB, CMB y AMB) y está reinando en su cuarta categoría diferente, habiéndolo hecho también en las 154, 160 y 178 libras. 

Los que argumentan a favor de Saunders aluden en particular a los problemas que Canelo ha tenido con los peleadores que enfatizan la velocidad y el movimiento: Floyd Mayweather, Jr. (quien le ganó abiertamente por decisión en 2013 en las 154 libras) y el zurdo cubano Erislandy Lara, quien para muchos mereció la victoria aunque los jueces lo dieron perdedor por decisión dividida en 2014, también en las 154 libras. 

Sin embargo, las casas de apuestas tienen de amplio favorito a Alvarez: 8-1 y 1-5. 

Lo cual quiere decir que hay que apostarle $800 para ganar $100, mientras que Saunders rendiría dividendos de $500 por cada $100 que le apuesten. 

Canelo (izquierda) y Saunders se medirán en un combate unificatorio del peso supermediano en el A&T Stadium de Texas. [suministrada]

¿La razón? El convencimiento de que, a la par de ir subiendo de peso, Canelo evidentemente ha ido mejorando, y es ahora un peleador mucho más completo, paciente y contragolpeador, que hace siete u ocho años. 

Y también existe la impresión de que, pese a toda su gran confianza, su marca invicta y sus dos campeonatos mundiales, Saunders en gran medida no ha enfrentado a rivales de primera categoría y, aparte de eso, no parece contar con mucha pegada: seis de sus siete peleas de título mundial se han ido a los 12 asaltos, y la otra llegó hasta el undécimo. 

En 2013 ganó el vacante cetro mediano de la OMB al derrotar por decisión unánime al irlandés Gary O’Sullivan, quien luego sufriría nocauts ante Chris Eubank, Jr. (siete asaltos), David Lemieux (primer asalto) y Jaime Munguía (11). 

Pero no hay dudas de que Saunders se expresa de lo más bien. 

“Estoy listo para el rock and roll”, dijo en una entrevista reciente. “Para ser grande, uno tiene que atreverse a ser grande, y yo creo que soy el único que tiene las piernas, la habilidad, el conocimiento y el cerebro para abrir esa puerta de Canelo”. 

“Hay que respetarlo, porque es la cara el boxeo y nunca ha evadido a nadie”, agregٕó, “pero yo creo que tengo las herramientas para ganarle y que si las uso bien, y si mi plan de boxeo funciona, lo voy a lograr”. 

Canelo ripostó: “Sé qué es lo que Saunders trae: es un zurdo, un  rival difícil. Pero en este nivel uno tiene que adaptarse a cualquier estilo y yo estoy listo para hacer historia y listo para cualquier estilo”. 

La variable desconocida podría ser, quizás, la arrogancia y volatilidad de Saunders, quien, lejos de parecer abrumado por la magnitud del espectáculo que será transmitido por DAZN en presencia de un enorme público hostil, incluso ha asumido la ofensiva verbal. 

Primero se quejó por los jueces: “Yo acepté esta pelea a base de que fuera un juez inglés, uno estadounidense y uno mexicano”, dijo, “pero ahora me dijeron que no hay ningún juez británico”, dijo. “Yo estoy listo para ganar, pero también quiero que no haya nada arreglado”. 

Y esta misma semana, también se quejó de las dimensiones del ring, explicando que había exigido uno de 24 pies, “y ahora, al llegar aquí, me encuentro con que quieren encerrarme en una cabina telefónica de 18 o 20 pies”. 

“Realmente es un problema grande y no voy a dar marcha atrás”, agregó. “Estoy listo para volver a montarme en un avión si esto no se resuelve”. 

Al final, claro, se resolvió. 

¿Se trataba de una molestia genuina, o solo formaba parte de un plan sicológico para desestabilizar a Canelo creándole la duda de que la pelea podía caerse hasta el último momento? 

¿O molestarlo hasta el grado de que Canelo abandone su habitual estilo calculador y comedido y se lance todo desbocado a acabarlo impulsado por un público abrumadoramente partidario? 

¿O simplemente, como comentan algunos, se trata de que ya está sembrando la semilla de la duda para cuando pierda? 

Pronto se sabrá. 

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