La pandemia del coronavirus ha tenido el efecto de trastocarlo todo y, en el caso de la prometedora voleibolista cagüeña Sofía Michelle Victoriá, eso se tradujo en que su primer año como universitaria y jugadora en la NCAA fuera muy diferente de lo que se hubiera podido esperar en tiempos normales. 

La esquina de 18 años y 6-1 de estatura, que incluso ha tenido ya experiencia con la Selección Nacional y se le considera como tal vez la principal prospecto del país, inició en septiembre sus estudios en la Universidad de Florida, localizada en Gainesville, donde recibió una beca deportiva completa y seguirá los pasos de Aury Cruz y Aurimar Rodríguez, quienes también brillaron cuando estudiaron en esa institución. 

Pero Sofía, hermana de la estrella de las Criollas de Caguas, Pilar Victoriá, tuvo que adaptarse a un mundo muy diferente. 

“Todas mis clases fueron online”, dijo, para empezar. “Y realmente no pude compartir con nadie excepto con mis compañeras de equipo”. 

“En la universidad hay unos dormitorios para los estudiantes regulares y otros para los atletas, y yo estaba en el de las atletas junto a las otras tres freshmen que había en el equipo”. 

“Estábamos en el mismo apartamento, pero en cuartos separados”, explicó. “Nosotros decíamos que era nuestra burbuja”. 

Sofía Victoriá cursa su primer año colegial en la Universidad de Florida. [suministrada]

La cual rompían básicamente para ir a las prácticas o a los juegos: las Gators de Florida State son una de las potencias de la SEC (Southeastern Conference) en la NCAA y volvieron a confirmarlo en la reducida temporada de otoño, cuando llegaron segundas con marca de 6-2. 

Como era de esperarse, como jugadora de primer año, Sofía tuvo una participación limitada. 

Fueron juegos celebrados con público, pero con una capacidad reducida al 10% o 15% en las canchas, explicó. 

“Solo jugué en dos juegos, e incluso jugué poco en esos juegos, pero la verdad es que me encantó y me sentí muy cómoda jugando en ese nivel”, dijo. 

“Creo que se lo debo a la experiencia que ya había tenido jugando internacionalmente con la Selección”. 

La temporada terminó el 21 de noviembre y, para el 15 de diciembre, al terminar su semestre, Sofía regresó a la Isla para pasar las Navidades con su madre, la exatleta Pilar López. 

Su hermana Pilar, naturalmente, se encuentra jugando en Francia, “y los planes eran que mami y yo fuéramos a Francia en diciembre, para por lo menos verla en un juego”. 

Pero el coronavirus canceló esos planes. 

“Las cosas están muy malas en Europa y han cerrado todos los aeropuertos”, dijo. “Pero yo hablo con Pilar casi todos los días y ella está esperanzada en que la temporada se pueda terminar”. 

Esa es la misma esperanza que tiene Sofía con su actuación en la Universidad de Florida, donde aspira a lograr un bachillerato en sicología. 

“Todavía no sabemos oficialmente si se va a jugar porque no nos han hecho llegar el itinerario”, dijo, “pero esperamos que sí y que tengamos que ir para allá ahora en enero”. 

Otro efecto del coronavirus, de paso, ha sido el de posiblemente extender su elegibilidad colegial a seis años, en vez de los cuatro habituales. 

“Por la pandemia, este año no cuenta y eso quiere decir que voy a seguir siendo freshman en el próximo año”, dijo, “y si me dan el red shirt (un año extra, pero sin jugar con el equipo), pueden llegar a ser seis”. 

Aunque por un lado estos años adicionales podrían ser beneficiosos, por el otro podrían retrasar sus inicios en el voleibol profesional y, por ejemplo, ella seguiría sin poder jugar en la Liga Femenina —posiblemente con las Criollas de Caguas, por haber jugado con ellas a nivel juvenil— hasta que termine todo ese período. 

Pero Sofía ni siquiera va a complicarse la vida pensando en eso a estas alturas, “porque todavía estamos como en un limbo”.

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