De acuerdo a algunas proyecciones de los que se especializan en estas cosas, empezando por Ryan Thibodaux, este es un año en el que, para variar, no existen serios candidatos a quedar electos al Salón de la Fama del béisbol en Cooperstown. 

De hecho, sería la primera vez desde la clase de 2013 que una votación quedara vacante. Desde entonces, 22 exestrellas han sido seleccionadas, y, en todos esos años, al menos un exjugador en su primer año de elegibilidad —luego de cumplir cinco años de retiro— fue electo al aparecer en las papeletas de al menos el 75% de los más de 400 miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol que tienen derecho al voto. 

Entre estos se encontró Derek Jeter, quien recibió el 97.4 de los sufragios emitidos como parte de la clase de 2020. 

Pero también fueron seleccionados estrellas que estaban en su décimo y último año de elegibilidad, como el jardinero Larry Walker, elegido junto a Jeter, y el bateador designado boricua Edgar Martínez, electo como parte de la clase de 2019. 

Pero este año la zafra de los elegibles por primera vez no dice mucho. 

Entre los que se destacan se encuentran los lanzadores Tim Hudson y Mark Buehrle y el jardinero Torii Hunter. 

Ninguno fue una superestrella, realmente, y no solo se considera que no deben conseguir los votos suficientes en su primer año de elegibilidad, sino que se duda que los consigan alguna vez. 

A los expertos analistas del presente les gusta hablar de la estadística moderna WAR (una compleja madeja de números que computa la cantidad de victorias adicionales que determinado jugador producirֵía en comparación con el promedio), y en ese sentido Buehrle lidera con 59.2, y le siguen Hudson con 58.1 y Hunter con 50.1. 

Por contraste, Jeter tuvo un WAR de 71.3 y Martínez de 68.4. 

Por consiguiente, se cree que solo alguno de los jugadores elegibles que no fue seleccionado anteriormente tendría la oportunidad este año en el proceso de votación que concluirá el 31 de diciembre y cuyos resultados deben anunciarse en enero. 

Para la clase de 2013, por ejemplo, se recuerda que Mike Piazza ni Craig Biggio fueron electos en su primer año de elegibilidad y que, de hecho, no se eligió a nadie, aunque ellos sí fueron electos al Salón en votaciones posteriores. 

El manto de los esteroides todavía arropa a Barry Bonds. [suministrada]

Para la elección de este año, en fin, se especula que por fin podrían tener su gran oportunidad, en su noveno año de elegibilidad, Barry Bonds y Roger Clemens, dos superestrellas que hace rato que hubiesen sido electas si el inmenso manto del posible uso de esteroides no los hubiese eliminado de la consideración de muchos de los periodistas. 

Pero aunque ambos han recibido un mayor respaldo de los votantes en años recientes, se piensa que es muy poco probable que lleguen al 75% requerido ahora, después de haber conseguido el 60.7% (Bonds) y el 61% (Clemens) en la pasada elección. 

Quien más cerca está, entonces, también en su noveno año de elegibilidad, lo es el lanzador derecho Curt Schilling, quien tuvo un WAR de 79.5 (mayor incluso que el de Jeter) como parte de una impresionante carrera en la que amasó un récord de 216-146 con efectividad de 3.46 y tres temporadas en las que ganó 20 o más juegos, mayormente con Filadelfia y Boston, y todo el mundo lo recuerda por su heroica actuación en el sexto juego de la serie de campeonato de 2004 entre Boston y los Yankees, cuando tiró siete entradas y consiguió la victoria pese al profuso sangrado de su tobillo derecho luego de que se abriera la sutura de un procedimiento quirúrgico que le habían practicado. 

Un factor a su favor es que luego de haber recibido apenas el 45% de los votos en 2017, sus números han ido en ascenso hasta llegar al 70% en la votación pasada. 

Su problema es que muchos periodistas rehúsan darle su respaldo. No por el uso o no de esteroides, sino por la controversia que ha causado a través de los años, especialmente luego de su retiro, con algunos de sus comentarios, considerados por muchos como racistas y extremistas. 

De hecho, un comentario en ese sentido —en el que comparó a los musulmanes con los nazis— le costó su trabajo como analista de ESPN, y también fue censurado por compartir en su página de Facebook un meme transfóbico o por aplaudir la ilustración de una camiseta en la que se afirmaba que debían ser ahorcados todos los periodistas. 

El gran lanzador zurdo Steve Carlton, quien fue electo en 1993, pasó la mayor parte de su carrera rehusando hablar con la prensa, pero cuando abrió la boca para expresarse durante su discurso en la ceremonia de exaltación, muchos hubieran preferido que se mantuviera callado: allí expresó lo que había venido diciendo en las entrevistas a las que accedió luego de su elección, incluyendo la creencia de que el virus del sida fue elaborado en un laboratorio de Maryland para eliminar a  los negros y a los homosexuales y que un grupo mundial compuesto por Rusia, Estados Unidos, Israel y los servicios de inteligencia de Inglaterra controlan a la humanidad a base de ondas sonoras. 

Así, un periodista votante, hablando anónimamente, dijo hace poco: “Voy a votar por Schilling porque creo que lo merece por lo que hizo en el terreno de juego, pero de seguro que no voy a escuchar su discurso de exaltación”. 

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