Ganar un campeonato en la NBA nunca es fácil, pero para algunas franquicias, el camino parece estar talado antes de dar el primer paso, y más si el equipo juega bajo las luces de Hollywood. 

Por los pasados 50 años, los Lakers se han salido con la suya gracias al incalculable detalle de jugar en Los Angeles. 

A través de décadas, se argumentó que la ciudad era solo un pequeño auxilio a la buena administración. Wilt Chamberlain pidió ir a los Lakers porque ya contaban con Jerry West y Elgin Baylor. Kareem Abdul-Jabbar porque sabía que estaban mejor administrados que Milwaukee, y por ende podían crear un núcleo consistente por más tiempo. En los 90, West, en su rol como gerente general, convenció a un ternero Shaq que el joven clan que le esperaba en Los Angeles, que incluía a un novato de nombre Kobe y apellido Bryant, era la mejor opción para los eventuales campeonatos. Kobe de hecho, maniobró en la noche de su draft con amenazas de irse a Europa para culminar con los colores amarillo y violeta. A finales de los 00, el comisionado David Stern metió su manita corrupta para regalarle a Pau Gasol a Kobe y su corillo de camino a dos sortijas más, pero eso es una historia para otro momento. 

Ahora bien, la reciente coronación de los Lakers en la más extraña de las temporadas pone en cuestión el argumento de la buena administración. Los Lakers, por media docena de años, lo hicieron prácticamente todo mal, y aún así terminaron con el dúo más dominante del 2020 en su escuadra. 

Desde las últimas temporadas del legendario Black Mamba, quien estaba sobrepagado por su producción en cancha pero los valía por ser boxoffice, los Lakers, liderados por una familia en discordia, tomaron una gama de malas decisiones. 

Se resaltan los malos contratos, como los de Timothy Mozgov por $64 millones por cuatro años luego de haber matado la liga al son de seis puntos y cuatro rebotes la temporada anterior con los Cavaliers, y el de Loul Deng de $72 millones por cuatro años, seis temporadas después de su última participación en el Juego de Estrellas. A Deng aún le estarán pagando por los próximos dos años luego de comprarle y estirar su contrato, a pesar de no sudar una gota para ningún equipo en la pasada temporada. 

Los Lakers también se pasearon en un carrousel de dirigentes que incluyó a Mike D’Antoni, Mike Brown, Byron Scott, Bernie Bickerstaff y Luke Walton. Solo D’Antoni cargó a los Lakers a la postemporada; una ocasión; en una temporada en la que cogió las riendas a mitad … y se fueron en la primera ronda. 

L@s herman@s Buss se peleaban en la prensa públicamente, y Magic Johnson llegó como presidente, y se fue menos de dos años después, acusando al gerente general Rob Pelinka de apuñalarlo en la espalda. Todo bajo el lente del ojo público y dando entrevistas en ESPN. Y todo con la franquicia viendo la postemporada desde sus hogares por sexto año consecutivo. 

Y aún así, a pesar de la calamidad administrativa, el mejor jugador de la liga y uno de los miembros del olimpo deportivo, LeBron James, decidió unirse a los Lakers a ojos cerrados. Su mera presencia les asegura una pertinencia competitiva. 

Menos de un año después, su fuerza de gravedad trajo a Anthony Davis a la escuadra, en una transacción que también se vio empapada de malas decisiones y retrasos por una confusión por parte del cuerpo administrativo lagunero con las reglas salariales. 

Por décadas, los Lakers han sido competitivos ya que las administraciones han sabido emplear su atractivo geográfico a través de cambios y firmas. La misma modalidad parece haber seguido la era del player empowerment

Ahora son los jugadores quienes hacen las maniobras para juntarse en Hollywood. No es culpa de nadie, solo que para los equipos en mercados pequeños, no importa el contexto, el camino al campeonato es una jungla, a diferencia del sendero californiano. 

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