El 30 de octubre de 1974, Muhammad Ali completó el ciclo completo de su leyenda cuando, siete años después de haber sido despojado de su cetro del peso pesado por rehusar ingresar al Ejército, reconquistó la corona al conseguir un espectacular triunfo por nocaut sobre el invicto y para muchos invencible George Foreman.

Para lograrlo, el otrora Cassius Clay tuvo que ir a Kinshasa, Zaire —país conocido hoy en día como la República del Congo— y pasar allí par de meses en pleno verano.

Fue una estadía que se prolongó más de lo debido cuando una cortadura sobre la ceja derecha de Foreman provocó que con ocho días de antelación se suspendiera la fecha original del 26 de septiembre—hace 46 años— y el combate fuera reprogramado para el 30 de octubre.

Y como el presidente del país, el dictador Joseph Mobutu, era quien había puesto todo el dinero, incluyendo una bolsa sin precedentes de $10 millones para que repartiera entre los dos peleadores el promotor Don King, este exigió que Ali ni Foreman abandonaran el país debido al aplazamiento, como temiendo que se marcharan y decidieran no regresar.  

La leyenda de la pelea asegura que Ali aprovechó ese tiempo adicional para compenetrarse a fondo con el país y echarle abono a sus raíces africanas, mientras que Foreman —quien en esa época destilaba una personalidad taciturna y anti social—, se mantuvo encerrado en su campamento y rodeado hasta la asfixia por su séquito de ayudantes.

La Fania All Star tuvo una extraordinaria acogida en su gira por Africa. [suministrada]

Como casi siempre sucede, por los alrededores había un boricua que pudo paladear toda esta escena: se trata del legendario salsero Roberto Roena, quien viajó a Zaire como parte de la Fania All Stars —junto a Celia Cruz, Héctor LaVoe y otros grandes— para participar en un súper concierto de tres días en homenaje a la música negra, incluyendo a figuras como James Brown, Stevie Wonder, B.B. King y muchos más.   

Pero, al contrario de la cartelera, el festival musical—que debía celebrarse del 22 al 24 de septiembre, inmediatamente antes de la fecha de la cartelera— no pudo reprogramarse, por lo que Roena y los demás músicos ya habían abandonado el país semanas antes de que Ali se valiera de su famoso rope-a-dope —la táctica improvisada de quedarse recostado de las sogas cubriéndose con los guantes, azuzando a Foreman para que consumiera toda su energía tirándole un golpe tras otro— para desgastar a un Foreman que era favorito 5 a 1 en las apuestas.  

 “Fuimos para allá todos los músicos —incluyendo todos los americanos— en un avión fletado enorme que salió de Nueva York”, dijo Roena para este artículo publicado por primera vez en El Nuevo Día en 2011. 

“Recuerdo vi pasar el día, luego la noche, luego otra vez el día y otra vez la noche, por lo largo del viaje”.  

Una vez en Zaire, Roena nunca vio a Foreman —como casi tampoco lo veía casi nadie— pero a Ali, de quien afirma que era fanático, lo vio todos los días.  

“Yo me levantaba temprano, como a las seis de la mañana, para ir a verlo”, explicó. “Todas las mañanas él llegaba en una guagua grande —como una Greyhound– a un sitio cerca del hotel en el que nosotros estábamos. Le llevaba desayunos a unos niños pobres, y se quedaba allí con ellos como una media hora”.  

“Y la verdad es que eso fue algo que me deprimió del país: había mucha pobreza allí”.   

Roena recuerda que Ali les hablaba a los niños: “Les decía que no se preocuparan por su pelea con Foreman, que iba a jugar con él porque Foreman era un ‘zangano’ (un bum) y que todos los que habían peleado antes con él eran unos zánganos también”.  

Con su gran personalidad y carisma, Ali se convirtió en el favorito de los africanos para su combate con Foreman. [suministrada]

“Además, hablaba de que Foreman no era un  negro de verdad, que era blanco por dentro”, continuó. “Y también les decía que no se olvidaran de decir Ali bomá ye (“Alí, mátalo”) que era una frase que él había aprendido allí”.  

¿Era este un acto genuino de Ali, o una estrategia para ganarse el respaldo de la gente?  

Roena cree que se trataba de ambas cosas: “Pero no hay dudas de que estaba haciendo una obra de caridad”.  

Ali, naturalmente, se había convertido al islam a mediados de los sesenta, y se atribuye a esa conversión religiosa su negativa a entrar al ejército y su oposición a la guerra de Vietnam.  

El único gesto político de Foreman, por el contrario, había sido el de celebrar sobre el ring con una bandera norteamericana luego de ganar la medalla de oro en las Olimpiadas de 1968 celebradas en México, unas Olimpiadas en la que algunos atletas negros norteamericanos galardonados habían levantado el puño izquierdo sobre el podio, en protesta por las desigualdades raciales de su país.  

En fin, debido al aplazamiento del combate, Roena no tuvo la oportunidad de ver la pelea en persona después de que la Fania fuera la sensación del festival musical, tocando en la tercera y última noche por petición del público después de haberlo hecho en la primera noche.  

Los conciertos fueron en el mismo Estadio 20 de Mayo, con capacidad para 80,000 espectadores, que el 30 de octubre se llenaría para ver el combate, bautizado por Don King como The Rumble in the Jungle (algo así como Reyerta en la Jungla).  

De paso,  la participación de la Fania en el festival saldría al mercado en la película Live in Africa (1974), mientras que la pelea en la que Ali volvió a convertirse en campeón mundial recibiría numerosos homenajes artísticos, tales como los libros de Norman Mailer (The Fight) y George Plimpton (Shadow Box), como el documental When We Were Kings (1996), ganador del premio Oscar.  

Roena sí vio la transmisión por circuito cerrado, a pesar de que debió permanecer en Zaire 11 días adicionales debido a un conflicto político que había paralizado los vuelos al exterior. 

“Al principio me asusté y le gritaba ‘¡salte de  esa esquina, tipo!”, rememoró.  

Pero entonces fue dándose cuenta de lo obvio: “Lo que Ali estaba haciendo era relajando con el tipo, humillándolo…”.  

Lo mismo que Ali  le había dicho que iba a hacer a aquellos niños pobres a los que les llevaba desayuno cada mañana.

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