NOTA: La ponceña Carmen Borrero vivió junto al legendario guitarrista sus grandes éxitos y su tragedia final. Aquí parte de su historia al cumplirse 50 años de la muerte de Hendrix.

Carmen Borrero disfruta, afortunadamente, de una memoria perfecta.  

“Por suerte tengo la mente muy clara”, dijo recientemente.  

Y eso es muy importante porque ella ha vivido una vida… más que memorable.  

“Lo recuerdo todo perfectamente”, dijo en un español perfecto, y perfectamente puertorriqueño, de 76 años de edad, a pesar de que ha vivido casi toda su vida en Estados Unidos y reside ahora en Barlow, Florida, “a 40 minutos tanto de Orlando como de Tampa, pero yo estoy en las montañas, en un área rural… como siempre me ha gustado”.  

“Nací en una casita en el número 171 de la calle California, en Ponce. Mi papá fue cocinero toda la vida en el hospital Dr. Pila, y mi mamá era una enfermera”.  

A los siete años, sin embargo, su familia se mudó a Chicago, donde ella vivió hasta que tenía 18 años.  

A los 17, cuando venía de la playa, una amiga, “que era la más bonita de todo el vecindario”, le pidió que la acompañara a una entrevista de trabajo.  

La ponceña Carmen Borrero recuerda con perfecta claridad los momentos que vivió con el legendario artista. [suministrada]

“Yo era feíta: era rubia y con la piel muy blanca, pero tenía la cara llena de pecas, y pesaba como 95 libras: mi hermano decía que parecía una penca de bacalao”, dijo. “Y estaba toda sucia, toda untada de loción para el sol, pero finalmente mi amiga me convenció y fui con ella”.  

Entraron a una oficina que estaba llena de mujeres, jóvenes y preciosas.  

“Mi amiga me dio una revista y me dijo que me quedara leyendo”, dijo. “Recuerdo que yo hasta estaba chupando una paleta”.  

Eventualmente fueron llamando una por una a todas las muchachas, hasta que, en determinado momento, una mujer que trabajaba allí, “se me acercó y me dijo: ‘¿Y tú quién eres?’ Cuando le dije que estaba acompañando a una amiga, me dijo: ‘A ver, párate’, y cuando vio que yo era alta —medía 5-7—, me dijo, ‘ven conmigo’. Me llevó a un cuarto y allí me agarraron por aquí y por allá  y me pusieron una ropa… ¡y me veía increíble!”  

“Parecía una muñequita, una Barbie”.  

Así, fue ella quien terminó consiguiendo el trabajo como ‘conejita’ –(mesera) en el primer Club Playboy, localizado en Chicago, donde, conejita al fin, tenía que vestirse —o desvestirse— de una forma bastante reveladora.  

“Estuve más de un año, trabajando de 11 a.m. a 7 p.m., pero mi familia era muy estricta, así que nunca le dije a mis padres dónde trabajaba”, dijo.  

En Chicago, sin embargo, comenzó a vincularse con la escena musical, frecuentando clubes como el Whisky A Go Go y el Peppermint Lounge, donde, entre otros, entabló una estrecha amistad con el baterista Buddy Miles, quien estaba tratando de armar una banda que eventualmente se convertiría en la legendaria agrupación Electric Flag, que incluyó al guitarrista de blues Mike Bloomfield y tocaría en el festival de Monterey en 1967.  

Al tiempo, “Hugh Hefner, el dueño de Playboy, quería abrir un club en México y envió a algunas de las muchachas que hablaban español”, dijo Carmen. “Se suponía que iba a ser por poco tiempo, pero terminé estando allá casi un año”.  

Y ella lo disfrutó a plenitud: “En México trabajé como modelo y hasta aparecí en portadas de revistas, donde me hicieron llamar Carmen Duprey, porque decían que yo parecía francesa”, dijo.  

“Y trabajé en la televisión, en el Show de Sylvia Pinal”.  

La exitosa actriz y cantante, casada con el cantante Enrique Guzmán, tal vez sea más recordada ahora por haber sido la madre de Alejandra Guzmán.  

Borrero, de 5-7 de estatura y ojos verdes, trabajó en el Club Playboy de Chicago y Los Angeles. [suministrada]

Primer contacto con Jimi Hendrix 

De México ella fue a trabajar entonces en el Club Playboy de Los Angeles, donde, un día, cuando la tenían en la puerta recibiendo a los clientes que llegaban al local, se topó de pronto con Buddy Miles, quien la saludó abrazándola efusivamente, y se la presentó al amigo que la acompañaba: un prometedor guitarrista originario de Seattle que se había dado a conocer por su talento espectacular con el instrumento en clubes de Nueva York.  

“Yo los saludé a los dos como hacía siempre, primero en inglés y luego en español, diciéndoles quiénes eran los artistas que iban a estar presentándose en cada piso —por allí pasó todo el mundo, Sammy Davis, Jr., Barbra Streisand, la crema—, pero Jimi se quedó como petrificado”.  

“Después le dijo a Buddy: ‘Esa es la mujer con la que me voy a casar’”.  

El romance comenzó entonces.  

“A los pocos días (en septiembre de 1966) él viajó a Inglaterra, porque iba a probar suerte”, agregó. “Pero él me juró que se iba a hacer una estrella y que en un año iba a volver por mí”.  

No pudo cumplir su palabra al pie de la letra, pero sí regresó a los ocho meses,  ya convertido en la nueva superestrella del rock en Inglaterra, y en junio de 1967 se hizo una superestrella en Estados Unidos gracias a su explosiva presentación en el festival de Monterey, donde estremeció al público con su acto espectacular, tocando la guitarra hasta con los dientes y luego prendiéndole fuego al instrumento sobre el escenario.  

Dos años después, Hendrix sería el estelarista del festival de Woodstock, cerrando tanto el festival como el célebre documental ganador del Oscar.  

“Nos fuimos a vivir juntos en Los Angeles”, dijo Carmen, “y estuvimos juntos, yo como su acompañante permanente, durante los últimos tres años de su vida”.  

“Estuve con él en Monterey, en Woodstock, en todos sus conciertos”

Hasta cierto punto fue una relación tormentosa.  

“Jimi era muy, muy celoso”, dijo, “y no podía asimilar bien el alcohol”.  

En el incidente con Carmen que recogen todas las notas biográficas del músico, en un  ataque de celos le lanzó una botella de vodka que se hizo pedazos junto a ella contra la pared, y le produjo profundas cortaduras, requiriendo que le cosieran puntos de sutura en el hospital.  

“Todavía tengo la marca de esa herida”, dijo Carmen. “El no era un hombre maltratante, pero sí se transformaba por el alcohol”.  

En otra ocasión, cuando Hendrix estaba en el estudio grabando, ella y una amiga estaban en un estudio aledaño, donde el otrora cantante de The Animals, Eric Burdon, grababa su primer disco con la banda afroamericana War.  

“Ese grupo lo ayudé a formar yo: conocía a todos los músicos desde antes y a Eric, mi gran amigo, lo conocí antes que a Hendrix”.  

“Yo nunca he bebido mucho, pero ese día tomé unas copas de vino y estaba hablando y contando chistes con una amiga”, dijo. “Cuando nos oyó, Eric nos encerró aparte en una cabina de grabación y me dijo: ‘Sigue hablando como ahora, pero te voy a grabar”.  

Expresándose claramente en español, la voz de Carmen puede escucharse varias veces en la grabación, “y a Eric le gustó tanto que quería llevarme de gira con ellos para que dijera lo mismo”.  

En la canción Spill The Wine se escucha claramente la voz de Carmen hablando en español.

Regreso a Puerto Rico 

A pesar de que Burdon era su gran amigo, a Hendrix le enfureció que Carmen hubiese estado en la grabación de War y no en la suya, y, luego de una intensa discusión, ella, enfurecida, se marchó a Puerto Rico.  

“Entonces, cuando un día estoy en un taxi en Puerto Rico, el conductor pone la radio… y ahí salió Spill The Wine, que se había convertido en un gran hit”.  

“Recuerdo que cuando se oye la parte hablada, el hombre me dice. ‘oiga, esa mujer habla igual que usted’… y yo le dije, ‘es que, usted sabe, todas las latinas hablamos igual”.  

Pero el distanciamiento duró poco: como diría John Lennon unos años después, luego de reconciliarse con Yoko: ‘Nuestra separación no tuvo éxito’.  

¿Cómo era Hendrix en su vida personal?  

“El dormía con su guitarra”, dijo. “En la cama, allí estaba él, estaba yo, y estaba la guitarra”.  

Incluso, Carmen descarta un mito que a través de los años se ha desarrollado en torno al guitarrista, como para realzar su excéntrica genialidad: que era capaz de tomar una guitarra afinada para un guitarrista derecho, voltearla boca abajo y hacia la izquierda, y tocar como si nada.  

“Bueno, pues yo sí fui testigo varias veces de verlo cambiándole las cuerdas”, dijo ella.  

Es sabido que en sus últimos meses, sin embargo, Hendrix se quejaba de que estaban haciéndole trabajar sin parar, y él no tenía constancia de dónde estaba yendo a parar su dinero, adquiriendo la costumbre de ir a todas partes con un maletín lleno de efectivo, como si no pudiera confiar en nadie.  

A la misma vez, su padre creía que sus propios manejadores estaban dándole drogas en todo momento, incluso sin que lo supiera, en su deseo de mantenerlo enajenado de la realidad.  

“Un día en nuestra casa en Los Angeles, Jimi empezó a darle martillazos a la pared, hasta que abrió un boquete”, recordó ella. “Entonces él metió dentro de una bolsa negra una cantidad de dinero —me dijo que $10,000, pero es posible que fueran $100,000— y la metió allí, haciendo que después sellaran la pared”.  

“Me dijo que si algún día le pasaba algo —se caía un avión o algo así—  yo no me quedaría sin nada y por lo menos sabía dónde buscar”.  

Carmen en una foto del 2016. [suministrada]

En problemas económicos 

Los problemas de Jimi estaban relacionados directamente a un cambio de manejador: Chas Chandler, ex bajista de The Animals, fue quien primero lo había descubierto tocando en el Café Wha de Nueva York, cuando se hacía llamar Jimmy James, y quien lo llevó a Inglaterra, donde en pocos meses se convirtió en una estrella.  

Pero después una figura bastante oscura, Michael Jeffery, quien había sido el manejador de The Animals y por un tiempo comanejador de Hendrix junto a Chandler, se convirtió en su manejador absoluto y, de acuerdo a varias versiones, empezó a robarle parte de sus ingresos y a depositarlo en cuentas extranjeras.  

The Animals, de hecho, habían terminado despidiéndolo cuando desarrollaron sospechas acerca de él.  

“Era un  ladrón, de la mafia inglesa”, dijo Carmen. “El también manejaba a los Monkees y yo era amiga de todos ellos, especialmente de Davy Jones, y se pasaban quejándose de que nunca veían su dinero”.  

Incluso, hay indicios de que Jeffery y su gente querían alejar a Carmen del lado de Hendrix.  

En septiembre de 1970, el último mes de su vida, Hendrix tuvo que hacer un viaje a Londres.  

“Yo siempre iba a todas partes con él, pero esta vez, por alguna razón, no me compraron un pasaje”, dijo ella. “Jimi preguntó y le dijeron que en efecto se les había pasado, pero que de todos modos no importaba, porque era un viaje de solo tres días: Jimi iba a negociar algo, porque se estaba hablando de una posible gira con los Beatles”.  

“Lo que yo sí sé es que Jimi no hubiese muerto si yo hubiese ido con él”.  

Una nube de confusión sigue cubriendo su muerte, confirmada en la madrugada del 18 de septiembre cuando fue hallado inconsciente en el apartamento de la modelo alemana Mónica Danneman, determinándose en la autopsia que Hendrix se había asfixiado con su propio vómito al quedarse dormido luego de ingerir nueve pastillas de Vesparax, un sedante extraído del botiquín de la modelo.  

“Pero después se han sabido muchas cosas”, dijo Carmen, “y yo estoy segura de que a él lo mató Jeffery, o hizo que lo mataran”.  

En un polémico libro, uno de los miembros del grupo de trabajo de Hendrix en sus giras afirmó que Jeffery le había confesado en 1971 que él había asesinado al guitarrista, y el informe patológico no fue concluyente: “No le encontraron alcohol en el estómago, solo en la boca, lo que quiere decir que él no ingirió las pastillas por su cuenta”.  

“Jimi estaba muy cansado y solo quería relajarse para poder dormir, y seguro que tomó un par de sedantes”.  

“Pero entonces alguien le metió esas otras pastillas en la boca”. 

Jeffery pereció en 1973 en un extraño accidente sobre Francia, en el que dos aviones chocaron en pleno vuelo.  

Al poco tiempo de la muerte de Hendrix, “yo me encontré que la secretaria de Jimi había vaciado la casa completa, llevándose incluso mis pertenencias”, relató Carmen.  

“Así que de un día para otro, yo pasé de estar andando en limosina a quedarme en la calle sin un centavo”.  

Nunca supo, de hecho, qué pasó con el dinero que Hendrix le había dejado escondido.

“Me imagino que luego de muchos años, un día un nuevo dueño de la casa habrá hecho unas mejoras y de pronto se encontró con eso que estaba dentro de la pared”.  

Después de pasar una profunda depresión, Carmen fue rehaciendo su vida, y de primera instancia comenzó a trabajar como modelo de trajes de baño del afamado diseñador Oleg Cassini.  

A la larga, tuvo otra relaciones importantes e incluso un hijo, pero Jimi Hendrix sigue ocupando un lugar importante en su corazón.  

“Fue el amor de mi vida”, dijo Carmen, quien apenas ha concedido entrevistas sobre el tema y en esta ocasión accedió finalmente a una con este redactor, que venía tratando de contactarla desde el 2011. 

 “El murió el 18 de septiembre —este viernes se cumplen 50 años— pero siempre, cuando llega septiembre, yo me pongo triste y me empieza una depresión”.  

“Pero tengo mi cuarto lleno de posters y fotos suyas y, viéndolos, eso me hace sentir un poco mejor”. 

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