Aunque su padre es norteamericano y él nació en la Florida, Austin Martin, quinto seleccionado en el draft de Grandes Ligas parte de los Azulejos de Toronto, tiene raíces puertorriqueñas de sobra.

Su madre, Daisy, nació y se crió en Vega Baja antes de pasar a residir permanentemente en Jacksonville a los 17 años, casándose allí con Christopher, el padre de Austin.

Luego de 17 años de matrimonio, Daisy, cuyo apellido de soltera era Rivera, se casó hace cinco años con el ponceño Javier Riutort, padrastro de Austin.

“Austin entiende bien el español y lo habla, aunque con un poco de problemas”, dijo Daisy, quien estudiaba enfermería al momento de casarse con el padre de Austin y ahora está a cargo del turno de emergencia del hospital Orange Park Medical Center en Jacksonville.

“Pero yo me he encargado de que él sepa de Puerto Rico y hemos ido varias veces allá, donde yo tengo familia en Vega Baja, Toa Baja y Juncos”, agregó. “La última vez fue antes de María”.

“El está muy consciente de las tradiciones de su país y de los logros de los peloteros puertorriqueños”.

Actualmente, Austin, quien tiene dos hermanas menores, Jenessa (de 16 a؜ños) y, Leilani, de cuatro—esta última hija del segundo matrimonio— está cumpliendo los últimos requisitos mientras prosiguen las negociaciones para firmar como la primera selección de los Azulejos luego de una destacada carrera colegial en la Universidad de Vanderbilt, en Tenesí.

Nacida y criada en Vega Baja, Daisy se fue para Estados Unidos cuando tenía 17 años. [suministrada]

Allí, en su segundo año, Christopher Austin Martin, bateador derecho y de seis pies de estatura quien se desempeña en el cuadro interior y  que en marzo cumplió 21 años, en 2019  fue el campeón de bateo de la SEC (Southeastern Conference) con promedio de .392 y líder en carreras anotadas con 87.

Y nuevamente estaba registrando una gran actuación en su tercer año como antesalista hasta que la temporada se suspendió por el coronavirus luego de apenas 16 juegos.

Antes del draft celebrado el 10 de junio, Austin había rechazado firmar en  2017 cuando fue seleccionado en la ronda 37 por Cleveland al graduarse de escuela superior de la Trinity Christian Academy.

“El está jugando desde que tenía tres añitos, fue un diamante en bruto”, dijo su madre, “aunque hubo un tiempo en que también jugó soccer y un año en el que jugó baloncesto en high school”.

Muchos expertos consideraban que era el mejor bateador de todo el draft y lo proyectaban para ser la primera o segunda selección del sorteo, por lo que de cierta manera fue una sorpresa que llegara hasta el quinto turno.

“Pero eso parece que fue debido a que Austin tiene al mejor agente del béisbol (Scott Boras) y algunos equipos tienen miedo de negociar con él”, dijo Daisy. “Pero Austin está muy contento de estar con él. Y de que lo hubieran pedido los Bluejays”.

De hecho, los análisis periodísticos afirman que, a pesar de congratularse por su inesperada suerte al caerles en las manos el primer o segundo mejor prospecto de la nación, los Azulejos, ante la presencia de Boras, están resignados a tener que pagarle bastante más de la cantidad guía de $6,180,700 que le correspondía a la quinta selección, estimándose que Boras pedirá algo parecido a la cantidad guía de la segunda selección ($7,789,900).

En fin, la firma no se producido todavía, pero Austin acaba de regresar de Tampa, donde estuvo varios días sometiéndose a los exámenes físicos rutinarios.

Una vez firme, sin embargo, su madre sabe que va a estar bastante tiempo sin verlo.

“Va a estar entrenando tres meses en Tampa y en otra ciudad que ahora no recuerdo, y no va a poder salir de allí por medidas de seguridad”, dijo. “Todo el tiempo va a tener que estar el hotel al campo de béisbol y de regreso al hotel”.

Pero hay algo de lo que Daisy está segura: ella no está pensando dejar su trabajo como enfermera al tener un hijo millonario.

“¿Por qué?”, preguntó. “A mؙí me gusta lo que hago… me gusta ayudar a la gente”.

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