El séptimo episodio del colosal documental The Last Dance arrancó con una de las teorías de conspiración o verdades mejores escondidas en la historia del deporte.

A poco tiempo del asesinato de su padre, His Airness se retiró del baloncesto después de tres campeonatos al hilo, hazaña que nunca lograron Magic y Bird, de quienes MJ tomó la batuta de la liga. 

Los hechos: La liga estaba investigando a Jordan sobre su supuesta adicción a las apuestas que lo llevaron a testificar en juicio contra un acusado de actos relacionados a la mafia. Su padre aparentemente también era amante a la adrenalina de las apuestas. La muerte del padre se da en contextos extraños, cuando se paró en el paseo de una calle solitaria a dormir en su carro y es asaltado, asesinado y su cuerpo tirado a un río. El jugador del que llevamos siete episodios y mil libros escuchando su adicción a la competencia, decide que ya se cansó de competir y  anuncia su retiro del baloncesto porque estaba exhausto con todo lo que estaba pasando. La liga anuncia que no encontró nada en su investigación. Y posiblemente el factor más importante, ninguno de los involucrados jamás ha querido decir si hubo suspensión. 

La  verdad absoluta nunca se sabrá, pero no importa el contexto, el desgaste físico y emocional en el 1993 del Greatest daba paso a un más que justificable retiro.    

A pesar de la ausencia de MJ, los Bulls seguían teniendo un trabuco, que pasaba de ser uno de los mejores equipos de todos los tiempos, a uno de los mejores equipos de la liga ese año. No es lo mismo ni se escribe igual. 

Con una ofensiva más balanceada que llevó a tres miembros del equipo al Juego de Estrellas; con un Pippen al mando en una temporada en la que llegó tercero en la votación al premio de Jugador Más Valioso detrás de Hakeem Olajuwon y David Robinson; y un novato Tony Kukoc con sangre fría para cargarlos en los juegos cerrados, los Bulls se fueron a siete juegos contra unos Knicks que a su vez perdieron en siete juegos en las finales contra Olajuwon y los Rockets. 

La crónica de la mancha en el resumé de Pippen, una de las más grandes en la historia del deporte, sigue siendo un tema en los círculos deportivos en el 2020, y como bien dijo Jordan en el documental “nunca vas a poder superar eso”.

Mientras esto pasaba, Jordan andaba soñando a ser pelotero, movida documentada a detalle en el excelente documental Jordan Rides the Bus, también de ESPN. 

El regreso de Jordan al baloncesto le dio un aura de mortalidad, perdiendo en la segunda ronda contra el Magic de Shaq, Penny y su excompañero Horace Grant, quien aprovechó el documental para tirar un poco de sal a la herida aun sabiendo lo que pasó 12 meses después, una barrida en las finales de Conferencia. 

Una falla que ya ha sido resaltada en pasados episodios de la serie es la necesidad de engrandecer a alguien que no lo necesita en lo más mínimo, obviando información valiosa. El tono de burla cuando escucha los comentarios de la defensa de Gary Payton y su comentario “Payton no tuvo ningún efecto en mí”, no van acorde con la realidad de sus 22 canastos en 60 intentos mientras Payton lo defendía en los últimos tres partidos, como resaltó el periodista Ben Detrick minutos después de concluido el documental, o el hecho de que “la defensa de Jordan detuvo a BJ Armstrong el resto de la serie contra los Hornets”, cuando BJ promedió 3.9 puntos por juego esa temporada.

Ya varios periodistas y hasta directores de documentales han hecho la crítica de cómo el documental se ha ido transformando de un documento investigativo a una oda a Jordan. Esto no es necesario.

La magia de MJ sigue siendo parapelos para los amantes del baloncesto, y los visuales tras bastidores convierten la pieza en una joya histórica. 

El próximo domingo serán los últimos dos episodios, y ya las lágrimas comienzan a bajar para los amantes de los Bulls y más para los fans de posiblemente el mejor atleta de todos los tiempos.

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