A pesar de que el gobierno poco a poco ha ido abriendo espacios para que los atletas puedan comenzar a entrenar nuevamente, Legna Hernández, la estelar atacante de las Changas de Naranjito en el voleibol femenino, todavía no ha comenzado a aprovecharlos.

“Admito que tengo todavía un poco de miedo de empezar a salir”, dijo, “especialmente porque tenemos una hija pequeña”.

“Pero sé que poco a poco tengo que ir perdiendo ese miedo”.

Mientras tanto, la atleta de 28 años trata de mantener la condición entrenando en su casa en Luquillo, donde vive con su hija de ocho años y con su esposo, Jonathan Auffant, quien es dirigente de baloncesto femenino en la Christian Kingdom Private School de Luquillo y del club Abil.

“Pero obviamente no es lo mismo que si estuviera yendo a un gimnasio”, dijo.

“Ahora mismo mi esposo tampoco puede salir —porque no hay baloncesto en la escuela ni en los clubes— y lo que se pasa es mandándoles tareas a las muchachas por internet, y básicamente los dos estamos de maestros con nuestra hija”.

Al igual que para el resto de las jugadoras, en efecto, Legna, quien ha estado ligada a la Selección Nacional desde 2014 y en 2018 se convirtió en la primera jugadora boricua —y hasta ahora la única— en jugar como refuerzo en el Oriente Medio, al ir a jugar en Bahrein en los Emiratos Arabes en el 2017, vio frenada por la pandemia lo que se perfilaba como otra gran temporada para ella y las Changas.

“El año pasado estuvimos muy cerca al llegar hasta las finales y nosotras estábamos —o estamos— confiadas en que este año llegaremos otra vez a la final, y tendríamos la oportunidad de completar lo que el año pasado no pudimos completar”, dijo.

Hernández forma parte del programa nacional local desde el 2014. [suministrada]

“Pero el equipo sigue unido y nos seguimos comunicando por Zoom y en los chats”, dijo.

Su estímulo para este año era especial, de hecho, debido a que Legna se lesionó de la espalda en el último juego de la serie semifinal del año pasado contra Toa Baja y luego no pudo jugar en los primeros dos encuentros de la final contra las Criollas, y solo pudo hacerlo sin estar al 100% en el resto de la serie que terminaron ganándola las cagüeñas en seis partidos.

“Estaba adolorida, pero tengo que agradecerle al cuerpo médico del equipo que me ayudó a poder jugar”, dijo Legna, nacida en Camuy pero criada y desarrollada en Ponce. “Es muy frustrante llegar hasta una final y no poder jugar por estar lesionada”.

Pero Legna se abstuvo de adjudicarle a su lesión parte de la razón para que las Changas no pudieran vencer a las Criollas.

“Karina (Ocasio) también tuvo su lesión y estaba enferma, así que estábamos en las mismas”, dijo.

Pero la jugadora espera que este año la temporada pueda completarse.

“Todas las jugadoras queremos jugar y este es nuestro trabajo”, dijo, “pero la Federación tiene que pensarlo bien antes de tomar una decisión”.

“Muchas jugadoras también tienen otro trabajo, porque no pueden depender exclusivamente del voleibol, donde también estarán exponiéndose al estar en contacto con el público, pero en la cancha el riesgo podría ser mayor”.

Sin embargo, confió en el buen juicio del Dr. César Trabanco, presidente de la Federación.

“Yo estoy segura de que él no va a arriesgarse dejándonos jugar si existe un peligro”, dijo.

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