¿Y ahora qué se hace?

¿Dónde se consigue más de esto?

Ha finalizado el colosal y formidable documental The Last Dance sobre Michael Jordan y los Bulls. 

Los episodios 9 y 10 fueron el epílogo perfecto de la saga de uno de los mejores equipos de todos los tiempos en cualquier deporte, y uno de los mejores atletas que haya caminado en el planeta Tierra. 

Las series de postemporada relatadas contra los Pacers en las finales de conferencia en el 1998 y las finales back to back contra el Jazz, fueron posiblemente tres de las más fuertes en toda la trayectoria de los seis campeonatos en ocho años. 

La crónica del asesinato del papá de Steve Kerr y su inmensa aportación cuando los huevos se ponían a peseta fue parapelos, como han sido muchas anécdotas en el espléndido documental. 

Las historias han sido contadas, las altas y bajas quedan en récord.

Las fallas humanas de MJ narradas y su grandeza ratificada. 

El documental se va a convalidar como uno de los mejores en la historia. 

Para los que buscaban que le tocaran la vena de la nostalgia, el especial es una joya de romanticismo deportivo. 

Para los que añoraban una narración imparcial e investigativa, puede que se hayan quedado un poco hambrientos.

Algunos jugadores y periodistas prefirieron no ser entrevistados por el tono de “Oda a Jordan” que tomó el documental, en especial los últimos episodios de la saga. De igual manera, si alguien merece una oda llena de alabanzas, claro está por su majestuosidad en cancha, es Jordan.  

MJ, Pippen, Phil, Kukoc, Rodman, Grant, Kerr, Paxson, etc, vivían en la memoria de los que los vieron dominar el tabloncillo. Ahora, sus hazañas fueron esculpidas en la eternidad para el disfrute de todos. 

El documental ofrece júbilo para los apasionados seguidores de los Bulls y His Airness, y penuria para el resto de la fanaticada. 

Ante todo, hay algo que queda sin duda ni debate: los amantes del deporte encontrarán en The Last Dance una maravilla, que como otros documentos de historia deportiva, se convertirán en una visita obligada para los fanáticos y cronistas del deporte. Una pieza única en la que la vieja escuela puede revivir melancolías pasadas, y la nueva escuela pueda experimentar lo que sintieron los que vieron a Jordan volar.

La pregunta es, en plena pandemia, ¿Cómo se llena este hueco que han dejado Jordan y sus Jordaniers?  

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