En circunstancias normales, el pasado sábado 25 de abril, al cumplirse el noveno aniversario de la muerte del destacado pelotero profesional cagüeño Osvaldo Sánchez, de seguro se hubiera programado un sencillo acto de recordación en el parque Wilfredo Betancourt Baretty, de Valle Tolima, hogar de la Liga Osvaldo Sánchez de Valle Tolima, la liga de béisbol infantil y juvenil presidida por su medio hermano, Héctor Falero.

Pero del mismo modo que las limitaciones causadas por las medidas de seguridad provocadas —con justa razón— por la pandemia del coronavirus, han detenido toda acción deportiva en el país, incluyendo las pequeñas ligas, este año el acto de recordación tendrá que llevarse a cabo a puertas cerradas.

Pero, naturalmente, con los corazones bien abiertos.

“Tengo aquí en la casa todas sus pertenencias, sus uniformes, todo”, dijo Luz Nereida Gómez, su madre, quien reside en Idamaris Gardens junto a Valle Tolima.

“Esas cosas nunca se olvidan”.

Osvaldo tuvo una carrera corta pero muy fructífera en el béisbol: nacido en 1969, fue firmado a los 17 años para los Padres de San Diego por José ‘Ronquito’ García y José Manuel Cora, dos leyendas del beisbol cagüeño, y ya a los 18 años estaba jugando como novato con los Cangrejeros de Santurce, equipo con el cual sobresaldría como guardabosques en las próximas temporadas y al que ayudó a ganar el campeonato en la temporada de 1990-91.

En los Estados Unidos, estuvo cuatro años en la organización de San Digo antes de pasar a los Bravos de Atlanta, pero cuando estaba cerca de ser incluido en el roster de Grandes Ligas, en 1993, a los 24 años, sufrió un accidente automovilístico al salir de un juego de béisbol invernal.

Sánchez debutó en la pelota profesional a los 18 años. [suministrada]

“Sufrió la dislocación de la cadera”, recordó Falero.

“Estuvo un año entero encamado y otros seis meses en silla de ruedas”.

Fue un accidente que, al menos por el momento, frenó su carrera peloteril.

“Se frustró y fue difícil”, recordó su  madre, “pero él fue levantándose poco a poco”.

Lo hizo actuando como instructor y dirigente en las pequeñas ligas y trabajando en el programa de masificación deportiva del municipio de Caguas, pero también fue instructor de aeróbicos e incluso, 10 años después de su accidente, regresó al béisbol activo al jugar en la pelota Doble A con los Mulos de Juncos.

Pero en 2011 sufrió un infarto mientras conducía y murió con apenas 42 años de edad, dejando a su esposa, Sari Brito, a su hijo, Juan Osvaldo, y a todos los otros que lo conocieron y aun hoy lamentan su temprana partida.

“En su honor, por todo lo que hizo por los niños, fue que fundamos esta liga hace cinco años y le pusimos su nombre”, dijo Falero finalmente.

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