¿Quiere ver usted lo bajo que ha caído el boxeo de peso completo?

Vaya uno de estos días a cualquier sitio público —la parada de guaguas, la fila del banco, incluso las gradas de un juego de pequeñas ligas— y, como quien no quiere las cosas, en medio de conversaciones cultas sobre política o las nalgas de J. Lo, trate de intercalar un comentario al estilo de: “Bueno, y ese Deontay Wilder, ¿podrá noquear a Tyson Fury?”

Luego pase cuenta de cuántos de sus oyentes no lo miraron como si usted les hubiera hablado en sánscrito.

Y eso que estamos en Puerto Rico, un país de boxeo, donde, el que más y el que menos, sabe quiénes han sido Tito Trinidad, Macho Camacho, Miguel Cotto, Oscar de la Hoya y Canelo.

En efecto, aunque no he llevado a cabo una encuesta formal ni nada parecido, me resulta claro que, a nivel de público en general —incluso a nivel de los comentarios que hacen los comediantes y locutores radiales—, el peso completo dejó de ser relevante aquí desde la época de Mike Tyson.

Todo el mundo estaba pendiente de las peleas de Iron Mike, tal vez más que nada porque parecían ejecuciones, y no peleas de boxeo.

La intriga la causaba no tanto si Tyson ganaba o no, sino cuántos segundos tardaba en apachurrar a su rival.

Antes de eso, habría que hablar de Muhammad Ali.

Wilder y Fury se han encargado de darle una buena promoción a lo que será su combate de revancha. [suministrada]

En los setenta, cuando se llevaban a cabo aquellas verdaderas súper peleas de Ali con Frazier, Foreman o Norton, era difícil caminar por la calle sin que alguien estuviera hablando de la pelea. Y no me refiero a los fanáticos más acérrimos, sino la gente en general. Las niñas escuchas vendiendo sus galletas. Las monjas saliendo o entrando de su convento. Los robabancos huyendo de la policía a toda velocidad, pero sin dejar de intercambiar comentarios a grito limpio, analizando la pelea: ‘Ali tiene que usar más el jab, y no quedarse tan parado para esta pelea”.

Bueno, por si usted no lo sabe, este sábado, en el MGM Grand de Las Vegas, el norteamericano Deontay Wilder, de 34 años de edad, 6-7 de estatura y marca de 42-0-1 y 41, estará exponiendo su cetro pesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) ante el británico Tyson Fury, de 31 años, 6-9 y 31-0-1 y 20, en una de las peleas más importantes de la división pesada en los últimos tiempos.

Se trata de una revancha: el primero de diciembre de 2018, Wilder retuvo la corona con un dudoso empate, en un combate que tuvo un desenlace controversial, cuando Fury apenas logró reincorporarse en el último asalto y terminar la pelea  después de haber recibido lo que había parecido un golpe de nocaut.

Wilder, de paso, alegó que debió haber sido declarado vencedor por la vía rápida debido a que el árbitro había tardado en comenzar su conteo.

Fury también cayó en el noveno episodio, pero pareció dominar la pelea con su boxeo en el resto de los episodios.

De hecho, se ha dicho que ya incluso está firmada la tercera  reyerta entre ambos, lo que  garantizaría que estaríamos en presencia de una trilogía, igualita que la de Ali con Frazier.

Bueno, hasta cierto punto.

Como suele acostumbrarse en esta época, para tratar de  crear expectativa, Wilder y Fury han comparecido a varias conferencias de prensa. Incluso han estado en varias conferencias telefónicas.

Y ambos se han expresado con elocuencia.

Fury, por ejemplo, aseguró que esta vez se lanzará al ataque contra Wilder, aunque en la primera pelea apeló a los movimientos y su mejor boxeo, debido a que no confía en los jueces y explicó que por esa razón cambió de entrenador: dejando a Ben Davidson y reclutando al norteamericano SugarHill Steward.

“Mientras mayor es el riesgo, más grande la recompensa”, dijo el pintoresco peleador. “Sé que esta no es la estrategia que Ben hubiese querido y por eso ya no está como mi entrenador. No necesito esa estrategia”.

“Lo que hice la primera vez estuvo fantástico, pero no fue suficiente para darme la victoria”, agregó. “Tenía que cambiar. Sé que es arriesgado ir a buscar a un pegador, pero uno no lo va a noquear bailando alrededor del ring por doce asaltos”.

“Tengo que noquear a este tipo… simple y llanamente”, dijo. “El que piensa que yo no puedo noquearlo es un idiota. Voy a probar lo poderoso que soy. Voy a hacer que se rinda”.

Wilder, entretanto, dudó que Fury estuviera hablando en serio.

“Nunca le he visto esa potencia de la que está hablando”, dijo. “Lo que creo es que tiene almohadas en los puños. Eso fue lo que sentí en la otra pelea”.

“Ni siquiera sé cómo tomar esas estrategias de las que está hablando. No sé si está tratando de confundirme al decir que me va a noquear. Pero me agrada escucharlo y espero con ansias que llegue el 22 de febrero”.

Las apuestas están casi tan parejas como las nalgas de J. Lo, sin embargo, aunque ligeramente inclinadas para Wilder.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*
*