Hace muchos años, cuando el béisbol de Grandes Ligas comenzó a usar el sistema de wildcards en imitación del que ya existía en la NFL, añadiéndole una serie adicional a sus playoffs, un ingenioso comentarista de la época escribió que, si seguía así, el béisbol corría el peligro de parecerse a la NBA, donde “todos los equipos juegan una temporada regular de 82 juegos para eliminar a  los Clippers de San Diego”.

Claro, ya para esa época, cuando los Clippers eran eternos sotaneros y no se habían mudado todavía a Los Angeles, tal parecía que más de la mitad de los equipos de la NBA entraban a los playoffs y la postemporada duraba más que la propia temporada regular.

Como ahora.

Bueno, el béisbol se ha tomado su tiempo, pero parece estar a punto de dar ese paso mortal.

Ya hace poco MLB añadió un eslabón adicional a los playoffs al implementar un juego de muerte súbita para escoger el wildcard, lo que representó otro rudo golpe para los puristas, pero lo que ahora parece estarse considerando algo que podría acabar de exterminarlos por completo: de acuerdo a los informes que MLB ha venido filtrando en la prensa de forma exploratoria en los últimos días, el comisionado Rob Manfred está considerando un nuevo formato de postemporada en el cual los dos líderes divisionales de peor récord en Grandes Ligas, jugarían series de 3-2 contra los mejores cuatro equipos de la carrera por el wildcard.

Los ganadores de estas tres series irían entonces a las series divisionales de 5-3, con el ingrediente adicional de que el equipo de mejor récord en la liga cogería un bye y, además, tendría el derecho de escoger a su oponente.

Así, 14 de los 30 equipos entrarían a los playoffs, algo que, según se dice, podría ocurrir tan pronto como en 2022.

De primera instancia, la idea no parece gozar de una cálida acogida de parte de la gente que sigue el béisbol, o por lo menos de la gente que por lo menos mantiene cierto nivel de cordura.

Como ejemplo de esto, un comentarista ingenioso de esta época acaba de escribir, con su seudónimo habitual de ABsinceWayBack, un artículo en la página TalkingChop.com titulado: “¿Odiará Rob Manfred al béisbol?”

En el mismo, el articulista hace un elocuente recuento de las innovaciones que bajo el mandato de Manfred comenzaron a implementarse de 2015 en adelante, en gran medida con la loable intención de ‘acelerar’ el juego a toda costa y hacerlo más ‘emocionante’: desde la base intencional ‘automática’, hasta limitar la cantidad de visitas de coaches o dirigentes a la lomita, limitar los segundos que pueden tomarse los lanzadores entre lanzamiento y lanzamiento o, incluso, reducir el tiempo entre entrada y entrada que utilizan en la televisión para poner los anuncios.

Y el resultado de todo este cúmulo de genialidades, señala el articulista, es que la duración promedio de los juegos de Grandes Ligas en 2019 superó por tres minutos la de 2014.

Pero la cosa sigue. Ya para el 2020 está aprobado, entre otras cosas, el que todo lanzador se enfrente como mínimo a tres bateadores, algo que, en gran medida, elimina a aquellos relevistas zurdos especializados que se traían exclusivamente a enfrentar a un bateador zurdo.

Y por ahí viene también, se dice que inevitablemente, el DH para la Liga Nacional.

Algo que por suerte no se ha mencionado con tal de incrementar aún más el arraigo del béisbol de Grandes Ligas entre una fanaticada que ha venido reduciéndose en los últimos años, ha sido aquello de que los equipos que avancen a los playoffs puedan seleccionar algunas de las estrellas de los equipos eliminados.

Sería algo parecido a lo que ocurre todos los años en el béisbol invernal en todas las ligas caribeñas, supuestamente con ‘gran éxito’.

Pero es lógico que MLB no copie esa idea que, según mi entender, ha sido una de las grandes causantes—aunque tal vez no la principal— de la decadencia de la liga boricua, al ayudar a erosionar una de las pocas cosas que podía ayudarle a mantenerse a flote: el fervor regionalista.

¿Por cuánto puede mantenerse identificado un fanático con determinado equipo cuando en una misma temporada, bastante corta, por cierto, puede ver a su jugador favorito reforzando a otros dos equipos?

¿Que si lo mismo se hace en todo el Caribe? Cierto, pero el béisbol boricua era el más debilitado de todos cuando empezó este recurso, idea que, a decir verdad, tenía su razón de ser: por lo menos para evitar, frente a la constante pérdida de importados, que los equipos lleguen completamente desmantelados a las semifinales o la final.

Pero, ¿se imaginan ustedes la reacción de un fanático de los Bravos de Atlanta si, al avanzar los playoffs, los Bravos se eliminan y los Mets de Nueva York reclaman a Freddy Freeman? ¿Con el odio asesino que existe entre las fanaticadas de esas dos franquicias, que data al menos de la época de Chipper Jones, quien bateaba tan bien en Nueva York que le puso el nombre de Shea a una de sus hijas y una vez, cuando eliminaron a los Mets, le recomendó a sus fanáticos que “corrieran a sacar del closet la gorrita de los Yankees que tenían escondida?”

Callémosno la boca: una idea tan horripilante puede picarle la curiosidad al amigo Rob Manfred.

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