Cuando peleó ante Mike Tyson en 1986 en dos asaltos, perdiendo su cetro pesado del CMB y permitiendo que con menos de dos años de experiencia como profesional, y apenas con 20 años de edad, Iron Mike se convirtiera en el campeón pesado más joven de la historia, recuerdo que al ser entrevistado sobre el ring, Trevor Berbick, todavía sorprendido, dijo algo curioso acerca de la pegada de su rival.

“They were funny little punches”, dijo.

No quería decir que eran golpes ‘graciosos’, en el sentido de que hasta le habían hecho reír, sino que había usado el término ‘funny’ en su segunda definición más aceptada: “Curiosos”, “raros”.

Lo que quería decir, al parecer, es que lo que le había afectado no había sido tanto la potencia de los golpes de Tyson, sino su velocidad.

Esa fue, de hecho, el gran arma secreta de Tyson, quien se decía que medía 5-10 pero posiblemente estaba más cerca de los 5-8 o 5-9: aunque se labró una reputación como pegador devastador, en realidad, entre los pesos completos de su época, Iron Mike no era el que pegaba más fuerte, a juicio de aquellos peleadores que se le habían enfrentado, y también se habían enfrentado a otros.

Los pesos completos posan para los medios durante la última conferencia de prensa. [suministrada]

Para muchos, de paso, no había comparación: James ‘Bonecrusher’ Smith se lo llevaba por media milla.

Pero Bonecrusher, al igual que la mayoría de los pesos completos de su época y de ahora, aunque era grande, fuerte y tenía gran pegada, también era irremediablemente lento.

Esa, según me parece , también fue el arma secreta de Andy Ruiz, Jr. cuando, el pasado primero de junio en el Madison Square Garden, con un físico regordete que hasta le causaba un poco de risa a algunos, y una clara desventaja en estatura —6-2 frente a los 6-6 de su rival—, dio una sorpresa mayúscula al noquear en el séptimo asalto al británico Anthony Joshua, quien  tenía entonces marca de 22-0 y 21 nocauts.

La pelea parecía seguir el libreto anticipado cuando Joshua lo derribó en el tercer episodio pero, en vez de amilanarse, el descendiente de mexicanos lo que hizo fue envalentonarse, y lo derribó dos veces en ese mismo episodio y otras dos en el séptimo para convertirse en el primer peleador de sangre mexicana en ganar el cetro máximo al coronarse campeón de la AMB, la FIB y la OMB.

Ahora con marca de 33-1 y 22 nocauts, Ruiz de nuevo está desfavorecido ampliamente en las apuestas —3 a 1—, y también en las bolsas, al esperarse que gane $13 millones, en comparación con la cifra astronómica de hasta $85 millones que debe devengar el astro inglés, cuando ambos se midan este sábado en Arabia Saudita en la superpelea que tendrá de árbitro al boricua Luis Pabón.

Pero muchos conocedores del boxeo creen que Ruiz puede repetir la dosis, y es probable que tengan razón.

“Le buscamos para guantear a tipos bajitos, gorditos, que fueran rápidos de manos”, dijo el promotor de Joshua, Eddie Hearn, reconociendo claramente que en la rapidez de manos de Ruiz puede estar la clave.

De hecho, el mismo Ruiz evidentemente sabe que es así, y es posible que, aparte de que para esta pelea ha podido entrenar mucho mejor que en la anterior, cuando fue un sustituto de último momento, se le nota mucho más esbelto.

Y de seguro que lo ha hecho también para mantener o buscar incluso más agilidad y velocidad de manos, aunque algunos expertos han expresado el temor de que eso le reste potencia a sus golpes o fuerzas según avance la pelea.

Si es que esta avanza bastante, claro está.

Joshua, por su parte, también se nota mucho más esbelto, así que es probable que en el pesaje oficial ninguno siquiera se acerque a los pesos de 268 (Ruiz) y 247 ¾ (Joshua) que marcaron para la  primera pelea.

“Voy a hacer algunas cosas distintas”, dijo Joshua en la última conferencia de prensa este miércoles, y Ruiz comentó: “Se le nota más delgado, y eso quiere decir que esta vez viene a tratar de boxearme, a moverse en círculos”.

En fin, Joshua viene a tratar de contrarrestar la velocidad de manos de Ruiz que tan letal resultó en la primera pelea, con el antídoto siempre recomendado para contrarrestar la velocidad: más velocidad.

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