Veterano de más de 170 peleas de título mundial, el árbitro puertorriqueño Luis Pabón acaba de trabajar en una de las que de seguro terminará entre las más memorables: la victoria de este sábado del ruso Sergey Kovalev sobre el británico Anthony Yarde para retener su defensa mandatoria del cetro semipesado de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) por nocaut en el undécimo asalto en Chelyabinks, Rusia.

Entre los aspectos más memorables, aparte de que fue una gran pelea, se encuentra el hecho de que Kovalev (34-3-1 y 29), de 36 años, quien debía ganar para posiblemente garantizar la bolsa más grande de su carrera en una defensa ante Canelo Alvarez antes de que finalice el año, estuvo al borde del nocaut ante Yarde (18-1 y 17).

“Pero cuando terminó ese (octavo) asalto en el que Kovalev terminó muy mal”, dijo Pabón poco después de la pelea, “cuando yo voy a la esquina de Yarde me di cuenta de que el tipo estaba casi muerto. Exhausto. Con los brazos encima de las sogas”.

“Parece que lo había botado todo al tratar de noquear a Kovalev”.

Yarde estuvo a punto de noquear a Kovalev durante el combate del sábado en Rusia. [suministrada]

Así, mientras que en su esquina Kovalev, afectado por los golpes al cuerpo que le había propinado su rival, se encontraba tan afectado que su entrenador, Buddy McGirt, estaba amenazando con pararle la pelea, en la esquina de Yarde se estaba desarrollando un drama similar.

“Cuando lo vi así, tan cansado, me preocupé y me dije que iba a tener que estar bien pendiente de él, porque eso es hasta más peligroso que estar afectado por los golpes”, explicó Pabón.

“Le pregunté que cómo se sentía y en su esquina me dijeron que estaba bien, pero yo les dije: ‘No, quiero que sea él el que me conteste’”.

“Y lo que me dijo fue: ‘Yo soy un león’”.

Así, Pabón permitió que Yarde, de 28 años, siguiera peleando, en especial después de haber estado a punto de apuntarse un nocaut, pero en realidad nunca pudo recuperar energías.

“El golpe de nocaut, incluso, fue un jab. Un golpe sin fuerza”, dijo Pabón, quien detuvo el encuentro a los 2:04 minutos del penúltimo episodio cuando Yarde no se pudo levantar.

“Yarde estaba muy fuerte y era más joven (28 años), pero le faltó experiencia”, prosiguió. “No tenía todavía la experiencia que tienen los más veteranos —como el mismo Kovalev— que saben pelear cansados”.

“Y a veces pienso que los tipos muy musculosos como él —y como Anthony Joshua— tienden a cansarse más”, dijo.

“Pero después de la pelea la gente de Yarde habló conmigo y me dijeron: ‘No habíamos visto a nadie más imparcial que usted’,” dijo, “por lo que supe que había hecho mi trabajo”.

Pabón no tendría mucho tiempo para descansar: unas tres horas después de terminada la pelea, debía estar a las 3:00 a.m. en el aeropuerto para tomar el vuelo de dos horas hacia Moscú  para, desde allá, viajar entonces primero a Nueva York y, por último, a San Juan.

Donde debía llegar este domingo a las 7:30 p.m., para entonces finalmente poder descansar y esperar la llamada para su próxima pelea de título mundial.

Al salir del cuarto de su hotel, sin embargo, Pabón se percató de que Yarde estaba quedándose en el cuarto contiguo y que estaban sacándolo en esos momentos para llevarlo a una ambulancia.

“Había vomitado y no sentía bien, pero por lo menos él iba caminando por su cuenta”, dijo.

No parece haber sido nada grave, o por lo menos no salió nada en los medios el sábado, pero de todos modos fue algo preocupante, en especial porque ese fue uno de los síntomas que tuvo el ruso Maxim Dadashev luego de su derrota del pasado 19 de julio ante el boricua Subriel Matías.

Dadashev, entrenado por McGirt, vomitó y colapsó mientras caminaba hacia los camerinos y murió días después.

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