Cuando el Salón de la Fama del Boxeo Internacional quedó inaugurado en 1990, era natural que la nueva organización quisiera recuperar el tiempo perdido y de inmediato exaltó a un gran grupo de figuras legendarias.

Entre estas estuvieron Muhammad Ali, Joe Louis, Henry Armstrong, Rocky Marciano y el cubano Kid Gavilán (Gerardo González).

Y también otro cubano —José ‘Mantequilla’ Nápoles— que tuvo que cambiar de rumbo a principios de su carrera y emigró a México a la edad de 21 años, con marca de 17-1 como profesional.

Y allí, debidamente nacionalizado, terminó convirtiéndose no solo en un ídolo para los mexicanos, llegando incluso a filmar una película con El Santo, sino en en uno de los mejores peleadores de todos los tiempos, amasando un récord de 81-7 con 54 nocauts y dos largos reinados como campeón welter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

En los últimos años vivió en la pobreza en Ciudad de México, padeciendo de diabetes y de Alzheimer, aunque ayudado por una pensión del CMB, hasta su muerte este viernes a la edad de 79 años.


Los elogios póstumos no tardaron en llegar para el hombre nacido en Santiago de Cuba que decidió dejar su país en 1961 cuando el gobierno de Fidel Castro prohibió el boxeo profesional.

“Él significa grandeza, fue uno de los grandes de toda la historia, es un boxeador de época, reconocido a nivel mundial”, dijo el mexicano Mauricio Sulaimán, presidente del CM,B quien fue precisamente quien ofreció en las redes sociales la noticia sobre su muerte. “Tyson lo admiraba, varios boxeadores mexicanos como Carlos Zárate, Ricardo López se inspiraron en él, quien tuvo una carrera de éxito”.

Durante su larga carrera, tuvo un impacto indirecto con el boxeo puertorriqueño: según se decía, el boricua Carlos Ortiz, también futuro miembro del Salón de la Fama del Boxeo Internacional, no quiso darle nunca la oportunidad de disputarle el cetro de las 140 libras, del mismo modo que el italiano Sandro Lopopolo había rehuido defender su cetro ligero ante él.

Ya para entonces, el cubano-mexicano era reconocido como un gran peleador, un estilista de reflejos exquisitos, buenos movimientos y gran velocidad de manos, pero con buena pegada.

Así, Nápoles, quien solo media 5-7, y ya con 29 años de edad y marca de 59-4, tuvo que subir al peso welter para retar en 1969 al veterano campeón Curtis Cokes en Los Angeles, ganando los cetros de la AMB y el CMB al noquearlo en el decimotercer asalto.

Los perdió en 1970 luego de cinco defensas exitosas, al caer por cortaduras ante Billy Backus, pero los recuperó al año siguiente ante el propio Backus y entonces hiló otra cadena de 10 triunfos titulares como campeón welter.

A mediados de ese segundo reinado, sin embargo, Nápoles, ya con 34 años, fue a Francia a retar por el cetro mediano a Carlos Monzón, de casi seis pies de estatura, y perdió en el octavo asalto, en la que se considera una de las victorias más sonadas del gran campeón argentino, quien sencillamente resultó ser demasiado grande.

El titular del viernes de La Nación, el periodico argentino, resulta revelador: “Murió Mantequilla Nápoles, un exquisito campeón que no pudo con Carlos Monzón”.

No obstante, algunos periodistas de la época creyeron que Monzón en determinado momento llegó a temer que Nápoles fuera a dominarlo con su boxeo y por esta razón, luego de enterarse de que este estaba luciendo como nunca en el gimnasio, provocó un aplazamiento de la pelea.

Y Nápoles descuidó entonces sus entrenamientos para cuando el combate volvió a programarse.

A continuación regresó a los welters e hizo otras cuatro defensas antes de perder la corona por nocaut en el sexto asalto ante el británico John Stracey en un combate celebrado en la Plaza de Toros de Ciudad de México en 1975.

Nápoles entonces se retiró y no volvió a pelear jamás.

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