Muere el autor de un libro inmortal

La oración final del clásico de la literatura del béisbol, Ball Four, escrito por el lanzador Jim Bouton, describe claramente la relación entre un atleta y su deporte: “Tantos años pensando que uno era el que tenía la pelota agarrada, y resulta que es al revés: ella es la que te tiene agarrada a ti”.

Escribiendo con el formato de un diario, Bouton relató en su libro cómo en 1969, después de haber sido un lanzador estelar y de Serie Mundial con los Yankees de Nueva York, luego de lastimarse el brazo aprendió a lanzar la bola de nudillo para tratar de mantenerse en Grandes Ligas a duras penas con un malísimo equipo de expansión conocido como los Pilotos de Seattle.

¿En busca de fama y dinero? Pues, no. Solo por seguir atado al deporte que siempre había amado, aun después de que este hubiera dejado de amarlo a él.

Este miércoles, Bouton, quien sufría de un padecimiento cerebral vinculado con la demencia y residía con su esposa en Great Barrington, Massachusetts, falleció a la edad de 80 años.

Bouton brilló en el uniforme de los Yankees.

Ya han pasado muchas décadas desde que retumbara el escándalo ocasionado por la publicación de Ball Four en 1970, en colaboración con el periodista Leonard Shecter, un libro considerado ‘maldito’ en su momento, particularmente por el establishment del béisbol y de los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense.

Pero que después de haberse convertido en un principio en un best seller de escándalo, luego ha pasado a considerarse un clásico que, tal vez sin quererlo, precipitó un cambio radical en la forma en que la prensa cubría el béisbol y los deportes en general.

¿Por qué? Pues porque Bouton, con un humor muy particular y una personalidad irreverente y muy influenciada por la rebeldía juvenil de fines de los sesenta, describió sin ambages la realidad de lo que pasaba dentro de los camerinos, incluyendo el racismo latente contra los jugadores negros y el abuso económico contra los jugadores que todavía no tenían el derecho de declararse agentes libres.

Pero las revelaciones más impactantes fueron aquellas relacionadas con la vida personal de los jugadores incluyendo la caza incesante de mujeres y la afición por la  bebida.

Y Bouton, que como un joven lanzador de recta incendiaria había sido un abridor estrella con los Yankees, ganando 21 y 18 juegos cuando los ayudó a llegar hasta las Series Mundiales de 1963 y 1964, constantemente pasaba a recordar sus años con los Mulos, y sus pintorescas experiencias.

En 1969, el periodismo deportivo prefería ignorar por completo los pecados de sus héroes, o se los escondían del público, de modo que las grandes figuras, para el mundo en general, parecían ser unos héroes revestidos de santidad.

Pero Bouton escribió acerca de la ocasión que en plena borrachera varios jugadores de los Yankees—incluyendo a Whitey Ford, Mickey Mantle, Yogi Berra y él mismo—desafiaron la muerte a altas horas de la noche al caminar por el alero de su hotel en un piso alto para atisbar por las ventanas a las mujeres que podían estar en paños menores; o la costumbre que tenía el gran Mantle cuando se emborrachaba de ponerse a llorar y a expresar su certeza de que moriría joven, igual que su padre y uno de sus hermanos.

Pero también escribió de los jugadores que seguían jugando sin atreverse a revelar sus lesiones por temer a que los dejaran en libertad, en una época en que los peloteros carecían prácticamente de toda protección laboral.

“Su muerte me causa una gran pena”, dijo este jueves el puertorriqueño, José Rafael ‘Palillo’ Santiago, quien lanzaba para los Medias Rojas de Boston en esa época. “Fue mi amigo y era una gran persona”.

“Pero su libro fue controversial porque a alguna gente no le gustó que escribiera esas cosas”, agregó. “Esas eran cosas que pasaban en todos los camerinos, en todos los equipos, pero que no se decían porque se entendía que lo que pasaba dentro de los camerinos era sagrado y había que proteger el béisbol”.

“Aparte de que los propios periodistas estaban entre los que se iban a beber con ellos”, agregó, riendo.

“Recuerdo que yo mismo empecé a leer el libro y lo dejé sin terminar porque no me gustaba que hubiera puesto todas esas cosas”.

El mismo Bouton siempre dijo que su libro había contribuído a darle una apariencia más humana a los peloteros, con sus defectos y virtudes, y el tiempo parece haberle dado la razón, aunque el establishment del béisbol tardó mucho en perdonarlo: George Steinbrenner se negó a invitarlo a los juegos anuales de old timers de los Yankees, una prohibición que solo se levantó en 1998, después de que él dejara de estar al mando del equipo.

Bouton luego no solo escribió más libros, aunque sin el mismo éxito, sino que se convirtió en columnista y, hasta en actor: se representó a sí mismo en una comedia de televisión de mediados de los setenta basada en Ball Four.

Y luego vinieron más libros en esa misma onda, incluyendo el célebre Bronx Zoo de Sparky Lyle, y resulta difícil no pensar que películas como Major League y Bull Durham también le debieron su razón de ser a aquel libro escrito por un joven lanzador con el brazo destrozado que se da cuenta de que, pese a todas las injusticias que el deporte fomentaba e indirectamente apoyaba, él no podía dejar de seguir amando el béisbol.

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