La decisión que la Federación Puertorriqueña de Voleibol anunció la semana pasada al cancelar la temporada de masculino que debía comenzar en mayo es final e irreversible.

Al menos así lo piensa Lillian Gordo, apoderada de los Llaneros de Toa Baja, uno de los cinco sextetos que hubiesen estado disponibles.

“No creo que pueda ocurrir nada que cambie las cosas”, dijo. “Lo que estábamos esperando con mucho entusiasmo era que Carolina jugara, porque de esa manera íbamos a tener seis franquicias”.

“Estábamos esperanzados en que eso ocurriera, pero cuando los Gigantes pidieron dispensa, porque no tienen cancha donde jugar, la Liga volvía a quedar en cinco equipos, como el año pasado”, continuó. “Y ya nosotros y Naranjito habíamos dicho que no volveríamos a jugar con cinco equipos”.

La otra opción, dijo, era que apareciera un nuevo apoderado para la franquicia de Yauco, pero eso tampoco dio frutos.

“Cinco equipos son muy pocos y la gente no quiere ver jugar siempre a los mismos”, dijo.

Los otros equipos que estaban disponibles para jugar eran Guaynabo, San Sebastián y Mayagüez.

“Ahora en lo que hay que pensar es en volver en la temporada de 2020”, dijo la apoderada, quien también es apoderada de los Llaneros en la Liga Puertorriqueña y esposa del ingeniero Marcos Martínez, apoderado de las Llaneras de la Liga Femenina y de Copuvo.

Según se supo extraoficialmente, la Asociación de Jugadores, presidida por Ramón Burgos, tiene proyectada para esta semana una asamblea donde discutirá los pasos a seguir.

Una opción, al parecer, sería que los propios jugadores organicen una temporada.

Por otro lado, también existe la posibilidad de que la Liga Puertorriqueña de voleibol superior, que celebró su último torneo a partir de octubre y jugó con nueve equipos, adelante para el verano su torneo de este año.

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