La resurrección de Blake Griffin

¿Quién hubiese dicho que en el 2018 aun estaríamos hablando de Blake Griffin?

El estelar power forward hizo su gran entrada a la liga en el 2009, aunque perdió su primera temporada completa por una operación de rodilla luego de ser seleccionado primero en el draft.

Blake llegó brincando carros y dominando los top 10 de Sportscenter todas las noches.

Sus acrobacias venían de la mano de productividad, contribuyendo estadísticas en todos los renglones al son de 23 puntos, 12 rebotes y cuatro asistencias, los mejores números de un novato en esa posición desde Tim Duncan en el 97’.

En el 2011 nació Lob City con la llegada de Chris Paul, creándose uno de los mejores y a la misma vez más frustrantes equipos en la liga.

En el 2014, Griffin tuvo su más dominante temporada, terminando tercero en votación para Jugador Más Valioso, solamente detrás de Kevin Durant y LeBron James.

Durante ese año, Blake fue el primer jugador desde Shaquille O’Neal en el 2003 en promediar 24 puntos, nueve rebotes y tres asistencias mientras tiraba más de 50 por ciento de campo, de camino a cinco Juegos de Estrellas consecutivos.

Griffin se encuentra en medio de una destacada temporada con los Pistons.

Pero por seis años consecutivos, los Clippers de Blake y CP3 terminaron primeros o segundos en la Conferencia en la temporada regular, solo para ser eliminados en la primera o segunda ronda de la postemporada.

Muchas de esas decepciones fueron a causa de lesiones, y Griffin era el mayor infractor, perdiendo 15, 47, 21 y 24 juegos en cuatro años.

Atrás quedó el Blake que dejó cuerpos y humillaciones en su camino, siendo Timothy Mozgov, Pau Gasol y Kendrick Perkins sus tres pósters más famosos. Los pueden buscar en youtube si se siente nostálgico.

Un poco de pérdida de su histórica habilidad atlética hizo que Griffin no fuera el mismo, y su más reciente contrato, de $173 millones por cinco años, se veía como uno de los peores en la liga, tanto con los Clippers como con los Pistons luego de ser cambiado.

Sin embargo, este año, su talento ha resucitado en Detroit, guiándolo a la competencia por los mejores ocho lugares de la Conferencia (sextos actualmente).

Han sido varias las transformaciones tanto en la liga como en Blake que han llevado a este resurgir.

En primer lugar, el trabajo duro de Griffin en desarrollar su tiro a distancia. Por los primeros seis años de su carrera, promedió menos de un intento de la línea de tres puntos, al son de 23 por ciento.

Eso ha ido en alzada, hasta llegar a su cúspide esta temporada, intentando 6.2 por juego y logrando un 36 por ciento.

El tiro ha facilitado el resto de su juego, equilibrando su ofensiva para promediar la más alta cantidad de puntos por juego de su carrera hasta este momento, con 26, mientras reparte cinco asistencias y domina las tablas con 10 rebotes.

Todo es más grande en los mercados como New York y Los Ángeles, y si Griffin tuviese esos promedios vistiendo su antiguo uniforme en Hollywood, la liga estaría hablando de él.

También los cambios de reglas le han favorecido.

El controversial freedom of movement le ha obsequiado espacio al juego físico de Blake, a quien ahora no lo pueden tocar o se salen por faltas en el primer periodo.

Por último, el nuevo dirigente y ganador del premio de Dirigente del Año la pasada temporada con los Raptors, Dwane Casey, ha cambiado la ofensiva, dándole la bola a Blake y convirtiéndolo en el armador, disfrazado con el término de creador.

Actualmente, posee la tasa de uso más alta de su carrera con 30, al nivel de LeBron James. En Detroit, ofensivamente, todo gira alrededor de Blake.

Las clásicas lesiones pueden atacar a Griffin en cualquier momento, pero mientras se mantenga saludable, estará nuevamente entre la élite de los jugadores de la Conferencia.

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