Qué rápido sube y baja el destino de muchos en Hollywood. Hace menos de un mes, los Clippers eran el tema de la liga cuando arrancaron con el pie en el acelerador siendo uno de los pocos equipos invictos a una semana del comienzo de la temporada y llevando a Charles Barkley, que en honor a la verdad sobresale por sus apasionados disparates, a decir que los Clippers podían competir con los Warriors.

Desde entonces la tragicomedia en Los Ángeles ha visto nueve derrotas al hilo, la racha más larga en la franquicia desde la era pre CP3 en el 2010, y con un récord de cinco victorias y 11 derrotas, 13 en la conferencia del Oeste por encima solo de los Sacramento Kings y los Dallas Mavericks y por debajo de los Phoenix Suns, que construyeron una escuadra con la intención de perder durante la temporada y culminar con otra alta selección del draft.

El preámbulo a este colapso vio a los Clippers tener la quinta mejor defensa durante los primeros siete juegos de la temporada. Desde entonces, el penúltimo lugar en defensa ha sido la carta de presentación de este equipo encaminado al purgatorio de la liga y con años por delante en lo que se endereza el barco.

Los problemas han sido muchos y complejos, comenzando por traer a Doc Rivers como dirigente y gerente general junto a su nada merecida fama de buen dirigente y resumé en blanco en roles administrativos.

Su único premio como dirigente vino con los Orlando Magic en la temporada 99-00, cuando su equipo ni cayó a la postemporada. En la famosa temporada 07-08, cuando ganó el campeonato al comando de los Celtics, se enfocaba en la ofensiva mientras un asistente en su staff se encargaba de la defensa. El equipo ganó teniendo la mejor defensa en la liga y una de las mejores de todos los tiempos. El asistente lo era Tom Thibodeau, quien se ha probado como dirigente de otros equipos y se le reconoce como un genio en el lado defensivo de la cancha.

Como gerente general no hizo ninguna movida significativa, ya que el equipo ya contaba con los tres pilares, CP3, Blake Griffin y DeAndre Jordan, a los cuales no supo complementar trayendo jugadores sin talento o con muchos años pasado su cúspide.

En el draft lució peor, escogiendo en el 2013 a Reggie Bullocks por encima de jugadores como Rudy Gobert y Andre Roberson; en el 2014 a C.J. Wilcox por encima de Nikola Jokic y en el 2016 a Brice Johnson por encima de Dejounte Murray, entre otros.

La decisión dictatorial y nepotista de hacer un cambio para recibir a su hijo, Austin Rivers, que estaba a punto de terminar fuera de la liga, y después premiarlo con un contrato de tres años y $35 millones a pesar de ser un jugador marginal que encima trae problemas de química por su actitud y pedantería, pareció ser la gota que colmó la copa para este núcleo de jugadores.

La escasez de talento incorporado junto a malos ajustes en la postemporada que vinieron de la mano con lesiones de sus estrellas no le han permitido a los Clippers pasar de la segunda ronda desde la era de Elton Brand, a pesar de contar con dos de los mejores 15 jugadores en la liga en su momento.

Este verano se vio una de esas estrellas abandonar el barco. La salida esperada de CP3, quien se fue a buscar más estabilidad en los Rockets, puso a los Clippers en la tediosa posición de decidir si seguir tratando de competir en una cada vez más complicada Conferencia del Oeste o si deberían detonar la escuadra y comenzar desde cero, dejando a Griffin ir y cambiando a Jordan.

La resolución de escoger la ruta A fue una administrativa que ha dejado a la franquicia sin muchas opciones.

Recargando el roster con jugadores de peligrosos trasfondos en el renglón de las lesiones, el primer mes ha traído predecibles lastimaduras a nuevas adquisiciones, como Danilo Gallinari, Patrick Beverley y Milos Teodosic.

Así las cosas, el valor de sus jugadores sigue en picada con cada derrota, la posibilidad de competir con la élite de la conferencia se sigue esfumando y la carencia de jóvenes con posibilidad de desarrollo en la escuadra no ofrece esperanza. El mercado aún sigue siendo uno atractivo para los que le llama la atención el glamour de Los Ángeles. El dueño del equipo, Steve Ballmer, no solo tiene el dinero de sobra, sino también el deseo de presentar un buen producto.

La llegada del ‘logo’ Jerry West también pinta bien por su trayectoria ganadora en roles administrativos con los Lakers y Warriors, pero se requerirá de paciencia en lo que esta franquicia, maldecida por muchos años con su ex dueño racista Donald Sterling, se encarrila hacia el éxito.

 

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