Todo aquel que resalte el tanking, nombre oficial para perder adrede en la NBA, como un problema moderno, no tiene memoria histórica en lo que la liga respecta.

La estrategia implementada en el 2013 por el exgerente general de los Filadelfia 76ers, San Hinkie, basada en perder sin disimulo por varios años para tener altas selecciones en el draft, solo puso un lente magnificador en uno de los “secretos” más obvios en la liga.

El caso más impactante, o más caripelado si vamos a ser honestos, se dio en el 2006 por los Timberwolves de Minnesota.

Gracias a un cambio anterior, el equipo llegó al último juego de la temporada con la necesidad de ser derrotados por los Grizzlies de Memphis o perderían su turno en el draft, eventualmente el sexto pick.

Con nueve minutos y dos segundos restando en un relativo cerrado partido, el power foward Mark Madsen, que es más famoso por la ridiculeces de sus bailes que por sus habilidades en cancha, y que contaba con un porciento de la línea de tres puntos en su carrera de .064, tomó siete bombazos, fallándolos todos malamente como era de esperarse y alejando a los contrincantes para una eventual derrota 102-92.

Lo que parecería una falta de respeto a la fanaticada, no es otra cosa que el pan nuestro de cada día en una liga que insiste en premiar los malos equipos con una alta selección en el sorteo de novatos, estrategia confirmada una y otra vez como la manera más fácil de obtener y mantener una súper estrella en tu escuadra.

Sería difícil encontrar algún crítico del tanking en Cleveland. Estos se saborearon todas y cada una de sus 65 derrotas en la temporada el 2002-2003 y que le regaló a LeBron James en el draft subsiguiente.

Nadie se quejaba en Houston en el 1984 cuando sentaron al novato del año Ralph Sampson, con promedios de 21 puntos, 11 rebotes y 2.4 tapones, y tuvieron en cancha a los 36 años a Elvin Hayes, miembro del Salón de la Fama pero con tan poca gasolina en el tanque que requería de una máquina respiratoria en el banco cada vez que salía del juego, con la justificación de romper el record de más minutos jugados en la historia. Los Rockets terminaron últimos en su división y con un tal Hakeem Olajuwon gracias a esas derrotas.

En la pasada temporada, los Phoenix Suns sentaron a cuatro miembros de su rotación, incluyendo su mejor jugador en este momento, Eric Bledsoe, y cambiaron otra pieza clave en P.J. Tucker, para perder indiscriminadamente en el último mes de la temporada. Si Josh Jackson, su eventual selección en el draft, está quemando la liga en cinco años, no se escucharán lamentos en el desierto.

Con lo que proyecta ser un draft rico en talento en el tope el año entrante, liderados por Michael Porter Jr., Marvin Bagley y el esloveno Luka Doncic, se podrá esperar una nueva gama de excusas o “estrategias” para perder juegos a todo dar.

Han sido varias las propuestas para acabar con este mal que agobia la liga. Mike Zarren, el asistente del gerente general de los Celtics, propuso una radical llamada la rueda, (The Wheel), donde los equipos se rotarían las posiciones de selección en el draft sin ser influenciados por el récord del equipo. Un equipo tendría la oportunidad de escoger en la posición 1, seguido por 30, 17, 19, 7, 8 y así sucesivamente hasta completar un ciclo. La complejidad de la propuesta hizo que muriera en la salida a pesar de tener apoyo de varias franquicias, en especial con las de un trasfondo administrativo en matemáticas.

El respetado y reconocido periodista de ESPN, Kevin Arnovitz, ha sido el portavoz de, tal vez, la propuesta más lógica y justa, eliminar completamente el draft y convertir la liga en un verdadero libre comercio. El deporte actualmente es el único mercado donde las personas más talentosas en búsqueda de oportunidad laboral son penalizadas con los ambientes de trabajo menos exitosos, sin contar que les elimina toda posibilidad de negociación y libre albedrío que deben disfrutar los mejores en su campo.

Los pequeños mercados de la liga, Milwaukee, Indiana, Memphis etc., se niegan a aceptar un cambio muy radical al sistema actual por lo que perciben como una desventaja ante ciudades más gustosas para los jugadores a la hora de atraer agentes libres de renombre, y ven el draft como la mejor, o única, vía para obtener ese nivel de talento.

Ante este panorama, el Comisionado de la liga Adam Silver, presentó una reforma al sorteo de novatos que parece ser más para apaciguar el debate que para encontrar una solución real.

La propuesta ya fue aprobada por el comité de competencia, compuesta por gerentes generales y dirigentes, y ahora solo espera la aprobación de la junta de gobernadores compuesta por los dueños de los equipos.

La misma entraría en vigor en el verano del 2019 y propone:

Los peores tres equipos tendrían la misma posibilidad, un 14 por ciento, de obtener el primer turno. Los porcientos subsiguientes irían bajando un 2 por ciento por turno. Actualmente se divide como 25% para el peor, 19% el segundo y 15.6 el que le sigue. El resto de la lotería, del cuarto al 14, es por orden del peor récord al mejor entre los equipos que no cayeron a la postemporada.

Actualmente el equipo con el peor récord solo puede bajar hasta la cuarta posición. Ante la nueva propuesta, podría bajar hasta la quinta con los equipos que le siguen bajando una posición.

Parecería obvio que esto es solo una curita en una herida mortal que parece empeorar cada año, con fanaticadas no solo aceptando, sino apoyando y exigiendo derrotas por parte de sus equipos para mejorar su situación actual. Una verdadera reforma que elimine todo incentivo a pescar derrota es vital para que la liga mantenga su reputación como una de las mejores y más competitivas del mundo.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*
*