‘Un palo’ Víctor Rodríguez como dirigente y jugador

En 2014, el veterano jugador del cuadro e inicialista guayamés Víctor Austin Rodríguez, aceptó un ofrecimiento del apoderado de los Brujos de Guayama en la pelota Doble A, Pedro Cádiz, para convertirse en dirigente-jugador del equipo, y lo hizo tan bien que obtuvo el subcampeonato nacional (cayendo ante Utuado en la final) y fue galardonado como Dirigente del Año.

A mediados de la temporada de 2015, sin embargo, Víctor renunció como dirigente y se quedó desempeñándose exclusivamente como jugador con el equipo al que se había unido en 2011.

“Aunque teníamos récord de 6-4, el equipo no estaba jugando tan bien como yo quería”, recordó Rodríguez, quien cumplirá 41 años en octubre.

“A la misma vez, entonces yo quería disfrutarme mis últimos años en el béisbol solo como jugador”, agregó. “Que cuando diera un  batazo, pudiera celebrarlo de verdad, sin tener enseguida encima las preocupaciones de pensar en sacar al lanzador”.

Víctor, quien entró a la Doble A en su pueblo natal de Guayama en 2011 cuando todavía existía la regla que limitaba el cupo de profesionales a dos por equipo, se mantuvo nuevamente como jugador a secas en la campaña de 2016.

“Pero para noviembre del año pasado, el apoderado Pedro Cádiz decide quedarse con el equipo y para entonces ya era un poco tarde para ponerse a buscar dirigente para este año”, recordó.

Así que Víctor accedió nuevamente a aceptar lo mejor de dos mundos y volvió a ser dirigente-jugador.

El resultado ha  sido nuevamente más que satisfactorio: Guayama conquistó el cetro de la Sección Sur con marca de 12-7 y ahora se encuentra batallando con los Sultanes de Mayagüez en los cuartos de final del Carnaval de Campeones, aunque las dos derrotas que sufrieron este fin de semana han dejado a los Brujos de espaldas a la pared con marca de 1-3.

“Sobre el papel, Mayagüez es mejor equipo que nosotros”, admitió Víctor. “Ellos tienen 10 profesionales y sus dos abridores -Monaguillo Rivera y Alex de la Cruz- son lanzadores profesionales muy experimentados, mientras que yo no tengo ningún pitcher profesional”.

“Aun así han sido buenos juegos y se compite”, agregó.

Entonces, una vez termine la temporada, dijo, empezará a evaluar qué hará en el próximo torneo.

“Yo siento que, si me cuido bien, puedo seguir siendo productivo como jugador”, agregó Víctor, un incansable metepalos firmado por los entonces Marlins de Florida en 1993, quien jugó hasta  2011 tanto en el béisbol organizado como en México y varias ligas independientes.

“Es una decisión muy personal de familia”, dijo.

Por suerte, él ya está acostumbrado a las decisiones difíciles: en la temporada de béisbol invernal de 2010-11, su duodécima con los Gigantes de Carolina, equipo con el cual había ganado el campeonato de bateo en 2000-2001 y el subcampeonato en la de 2009-2010, quedó en libertad a mediados de torneo “cuando ellos decidieron irse con jugadores más jóvenes”.

Pero entonces, Víctor, natural del barrio Puente de Jobos, nacido, criado y radicado en Guayama, recibió una oferta para jugar en la Doble A, y se convirtió en uno de los grandes toleteros de la Liga al batear .430 con 22 remolcadas.

Al mismo tiempo, comenzó a trabajar en el municipio y, desde hace cuatro años trabaja en el programa de Major League Baseball que, durante los semestres escolares, ayuda a desarrollar jugadores de entre 14 y 18 años en cuatro regiones del país.

Por consiguiente, dijo, no tiene que pensar en volver a trabajar en el béisbol invernal ni fuera de Puerto Rico, mientras que, en la Doble A, “puedo retirarme como jugador, retirarme como dirigente o volver a hacer otra vez las dos cosas a la misma vez”.

El futuro dirá la última palabra.

 

 

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