Son muchos los culpables

Sería fácil achacarle los males de la temporada de los Lakers a la lesión de LeBron.

Cuando el Rey se lastimó la ingle izquierda en día de Navidad en un juego contra la dinastía Warrior, los Lakers estaban en la cuarta posición en la Conferencia del Oeste, con una de las mejores cinco defensas en la liga y todo corriendo mucho mejor que lo que especularon al comienzo de temporada.

Cuando regresó, el equipo se encontraba décimo en la Conferencia, y frente a una cima que nunca pudieron escalar, prácticamente quedando fuera de la carrera de los playoffs con menos de 20 juegos por jugarse.

Esta sería la primera vez que James pierde la postemporada desde el 2005, y por ende no llegará a las finales, rompiendo su racha de ocho al hilo.

Cuando se mira con una lupa analítica, la razón de la debacle en Hollywood es mucho más compleja. Fueron muchas situaciones las causantes y son muchos los culpables.

Aparte de James, ambos Brandon Ingram y Lonzo Ball, que no regresarán a acción esta temporada por sus respectivas lesiones, terminarán perdiendo prácticamente la mitad de la temporada. 

El cuarteto de LeBron, Ball, Ingram y Kyle Kuzma solo jugó 23 partidos juntos.

En esos juegos, los Lakers tuvieron récord de 15 y 8, con una clasificación neta de positivo 5.3, cuarta mejor en la liga, estadística que saca la diferencia en el promedio de puntos entre las victorias y derrotas. Todos los campeones en la historia de la liga han estado entre los mejores cinco en esta estadística. A la misma vez, disfrutaron de la mejor defensa en los juegos del cuarteto junto.

Más allá de eso, el desastroso enfoque en la pasada agencia libre por parte del presidente de la franquicia Magic Johnson y el gerente general Rob Pelinka, como siempre con la mano influente de LeBron y su corillo, moldearon una escuadra acongojada, y más perjudicial aún, incongruente.

Toda estadística, tanto de avanzada como tradicional, apunta a que James es mucho más exitoso cuando está rodeado de jugadores que anoten el tiro a distancia, y con un alto intelecto baloncelístico. Sin embargo, los Lakers gastaron espacio salarial en JaVale McGee, Lance Stephenson, Rajon Rondo y Michael Beasley. Jugadores que no solo no cuenta con el tiro a distancia, sino que han sido eje de controversias por sus personalidades un tanto… engorrosas.

Es ante este ya incómodo panorama que llega la petición de cambio del estelar Anthony Davis en enero.

Davis, con año y medio restante en su contrato, no solamente expresó su deseo de salir de los Pelicans, sino que se hizo público su destino preferencial, los Lakers. Eso trajo consigo un par de semanas de especulaciones diarias donde los jóvenes talentosos de la escuadra eran sometidos a preguntas de su posible destino en New Orleans, acabando con la ya delicada química del equipo.

La fortaleza de la Conferencia del Oeste tampoco da espacio a sacar el pie del acelerador en lo que las mareas vuelven a su sitio, a diferencia de las pequeñas ligas del Este a la cual James ha pertenecido desde su llegada a la liga.

Esta temporada fue desastrosa desde una perspectiva baloncelística.

Malgastar un año de los pocos que le quedan a LeBron a nivel óptimo es un desacierto penoso.

El equipo será — muy probablemente— completamente diferente en la próxima temporada, con la posibilidad de ser un verdadero contendor u otra triste escuadra.

Un cambio por Anthony Davis en el verano, adicional a la firma de uno de los super agentes libres, como Kevin Durant, Kawhi Leonard, Klay Thompson o Kyrie Irving, pondría a los Lakers entre los favoritos al campeonato.

Si Davis termina en los Celtics como muchos especulan, y el resto de los agentes libres se mudan a otros lares, puede que los últimos años de la magistral carrera de James terminen más enfocados en los negocios fuera de la cancha —razón principal por la cual se mudó a Los Angeles— que en la calidad de baloncesto.

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