Wall, eje del desbarajuste en Washington

Cuando se habla de variedad, la NBA ofrece de todo.

Para el que quiera baloncesto de realeza tiene a los Warriors, barriendo récords y creando una bella danza en cancha donde todos se complementan perfectamente.

El que esté buscando ver leyendas puede pasar por Los Ángeles a ver al Rey; por Dallas a ver a Dirk o por Miami a ver a Wade.

Si quiere ofensiva puede ir a Toronto o New Orleans. Si prefiere defensa puede ir al Este y pasar por Boston o Milwaukee.

Si le agrada la disfunción administrativa se le recomienda Phoenix y Cleveland.

Pero si lo que le satisface es el desbarajuste total, lo localiza fácilmente en Washington, donde un equipo que se supone compitiera entre la élite de la Conferencia del Este va en picada, con serios problemas de química dentro y fuera de la cancha.

En lo que va de temporada, su principal estrella, John Wall, se defendió de las acusaciones por su alegado gusto a la vida nocturna y a la vez atacó a compañeros de equipo a través de la prensa, por supuestamente perseguir números sin pensar en el bien común.

Ese fue el mismo Wall que llegó fuera de forma a los campamentos de este verano de Team USA y no se veía mucho mejor cuando se reportó en Washington un mes después.

Wall y Bradley Beal, el otro miembro del equipo que participó en el Juego de Estrellas la pasada temporada, nunca han disfrutado de una buena relación.

El años pasado, con Wall perdiendo tiempo con problemas en la rodilla, los Wizards jugaron el mejor baloncesto de la temporada, compartiendo el balón y jugando en equipo, sentimiento que fue expresado públicamente por el centro Marcin Gortat, quien ahora viste los colores de los Clippers. Se podría especular que sus comentarios fueron la razón de su mudanza.

A la izquierda, Wall hace tres años. A la derecha, como se presentó a los entrenamientos este verano.

 

El equipo cuenta con cuatro jugadores de rotación que entrarán a la agencia libre el próximo verano, resaltando el comentario de Wall de la persecución de estadísticas. Ese mismo verano, comienza la extensión Supermax de cuatro años y $170 millones de Wall.

El equipo, tildado la pasada temporada como de los peores, sino el peor, en la cultura del locker, decidió echar leña y gasolina al fuego que encendieron con un lanzallamas.

Las adquisiciones de Dwight Howard, que aún no ha jugado con una lesión en el glúteo y Austin Rivers, le añade muy probablemente los dos jugadores más odiados en la liga al inestable camerino.

La mezcolanza tiene a los Wizards con récord de una victoria y seis derrotas, penúltimos en el Este, 27 de 30 en calificación defensiva y 24 en ofensiva.

Wall se ha vuelto un cero a la izquierda cuando no tiene el balón en mano, y su lenguaje corporal deja mucho que desear.

Otto Porter, el tercer jugador de más importancia en el quinteto, parece tener el Síndrome de Estocolmo, alabando a sus compañeros en la prensa mientras luce como un rehén en cancha.

La tentación de mantener el curso es fuerte, ya que en la flojera de la Conferencia del Este, solo se necesitan unas buenas semanas para entrar de lleno a la competencia por alcanzar la postemporada, pero habría que preguntarse de qué vale cuando se sabe de entrada el desenlace, con el mejor de los caso siendo una visita a la segunda ronda.

Beal es su jugador de más valor y más respetado en la liga, por lo cual cambiarlo hace poca lógica.

Porter tiene sueldo de superestrella con más de $80 millones en los próximos tres años, convirtiéndolo en el jugador de reparto más caro en la liga. Un canje de Otto y turnos del draft por Jimmy Butler le pondría sazón al equipo.

Wall tiene de poco a cero valor en el mercado debido a la ecuación de $170 millones+problemas serios en las rodillas. Un cambio por fichas jóvenes para rehacer el equipo alrededor de Beal parecería ser la movida más prudente, término que, sin embargo, no describe a la administración de los Wizards.

De mantener el status quo, las opciones y posibles desenlaces son pocos. O terminan en el sótano arrastrados por los problemas de química, o suben al purgatorio, donde serán poca competencia para la crema de la Conferencia: Boston, Toronto y Milwaukee.

Tratar de engatusar con Wall a otra disfuncional franquicia en necesidad de un armador (hello, Phoenix), parecería ser el rumbo más prudente.

 

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