Un himno y una voz, 50 años después

En junio de este año, el legendario cantante y guitarrista puertorriqueño José Feliciano donó al Museo Nacional de Historia de Estados Unidos la guitarra acústica -o española- con la que interpretó, célebremente, el himno de los Estados Unidos antes del quinto juego de la Serie Mundial de 1968 en el antiguo Tiger Stadium de Detroit.

Este domingo 7 de octubre, de paso, se cumplen exactamente 50 años desde aquel suceso.

¿Por qué la guitarra es considerada una pieza de museo, y la interpretación de Feliciano continúa siendo recordada como una de las más memorables de la historia del béisbol?

Pues porque, en su interpretación, la cual Feliciano hizo sentado, acompañado por su guitarra y con su perro guía acostado a sus pies, se apartó de la forma tradicional en que se interpretaba el himno nacional norteamericano, haciéndolo con un ritmo lento, entristecido, y con aires de la música folk de protesta que se estilaba entonces.

Incluso su melodía resultaba irreconocible para muchos.

 

Luego de la interpretación, el público que colmaba el estadio respondió con aplausos, como suele hacerlo, impaciente ya por ver el comienzo de un juego que, en efecto, resultaba de vida o muerte para los Tigres, que estaban abajo 3-1 en su serie contra los Cardenales de San Luis y necesitaban ganar esa tarde con tal de enviar la Serie de regreso a San Luis.

La reacción en el resto del país, sin embargo, fue muy diferente: se dice que el cuadro telefónico de la telecadena NBC, que transmitía el juego, se llenó de llamadas de gente airada y ofendida por la supuesta profanación del himno nacional.

“Era como si alguien hubiera orinado sobre la tumba de Beethoven”, diría años después el periodista Jerry Izenberg.

En los días siguientes, las protestas se acrecentaron: algunas tiendas de música dejaron de vender los discos del artista, y organizaciones de veteranos de guerra lanzaron declaraciones en las que lo acusaban de antipatriótico.

“Me sentí mal en cuanto a la controversia porque dejaron de tocar mis canciones en las estaciones de radio de Estados Unidos”, recordó el cantante cuando fue entrevistado sobre el tema por USA Today en 2012.

“Pero no hice nada malo. Ahora todo el mundo canta el himno nacional de la manera que quieren”.

Feliciano explicaría que solo había querido darle un toque gospel a su interpretación, y quizás ahí estuviera parte del problema: el gospel es un estilo musical procedente de las iglesias negras y, en aquellos momentos, la ciudad de Detroit vivía unos momentos de alta tensión racial, con numerosos disturbios y confrontaciones entre la policía y la comunidad negra.

De hecho, muchos dirían después que una de las cosas que evitó que la situación desencadenara en algo peor fue la actuación de los Tigres, un equipo que contenía entre sus estrellas a jugadores negros como Willie Horton y Gates Brown, y cuyas hazañas unieron en determinado momento a los ciudadanos por encima de cualquier conflicto racial.

Pero es posible que muchos hubieran interpretado la versión de Feliciano, con su tono de canción de protesta, como un respaldo a los manifestantes.

En fin, entre los jugadores de San Luis se encontraba, naturalmente, el toletero boricua Peruchín Cepeda, un gran amante de la música, quien, años después, recordaría que no había encontrado nada malo en su interpretación y que, por el contrario, la había encontrado muy bonita.

“Cuando terminó de cantar, pasó cerca de nosotros y yo fui, lo saludé y lo felicité”, dijo. “Ahí fue que lo conocí”.

Pero Mickey Lolich, el zurdo de los Tigres que tenía previsto abrir el juego en que le iba la vida a su equipo, lo recuerda con menos afecto.

No por su estilo, sino por su duración.

“Duró siete minutos”, diría años después. “Empecé a calentar en el bullpen cuando él comenzó a cantar, pero después tuve que parar… y me estaba congelando. En la lomita, me puse a tirar rectas a toda velocidad para tratar de calentar otra vez lo más rápido posible, pero el árbitro no me dio más tiempo”.

De hecho, es posible que la memoria esté jugando con él: el vídeo que aparece en Youtube, y que parece estar completo, dura unos dos minutos.

Pero lo cierto es que Lolich sí parece haberse enfriado antes de subir a la lomita, y permitió tres carreras en la misma primera entrada, dos de ellas producto de un cuadrangular de Peruchín.

Pero luego Lolich enderezaría y no permitiría más libertades, apuntándose la victoria 5-3 al tirar las nueve entradas, y terminaría convirtiéndose en el héroe de la Serie al ganar también el séptimo juego en un duelo con Bob Gibson para alcanzar su tercera victoria con apenas dos días de descanso.

Feliciano, quien tenía 22 años y no era muy conocido, también enderezaría: su versión del himno se convertiría en un hit nacional, entrando a la lista de más venta, y, según se dice, a las dos semanas el sencillo ya había vendido más de 50,000 copias… en Detroit.

Naturalmente, Feliciano proseguiría una larga carrera llena de éxitos y reconocimientos que dura hasta ahora.

Y, claro, ha vuelto a cantar el himno en múltiples eventos deportivos, incluyendo, el pasado 8 de septiembre, antes de un juego de los Tigres en su Comerica Park en un partido en el que, con la presencia de muchos de los jugadores de antaño, se conmemoró aquel campeonato tan especial de 1968.

 

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