El mejor equipo por debajo del radar

Por más que la NBA trate de encontrar paridad en la cobertura mediática, siempre le será imposible para algunos mercados poder competir con las glamurosas luces provenientes de Los Ángeles, Nueva York y Boston, entre otros.

La única manera de dejarse ver es compitiendo en el más alto nivel con un trascendental talento, como lo hizo San Antonio en sus dos décadas de la mano de Tim Duncan.

Un escenario similar se puede estar moldeando en New Orleans, donde se podría argumentar que Anthony Davis ha tomado la batuta como el mejor jugador de la liga, y tiene a los Pelicans como fortuito contendor en el Oeste.

Ese era el plan, aunque la metodología se desvirtuó en la travesía con la salida de Demarcus Cousins.

The Brow y Boogie se suponía ofrecieran en cancha una alternativa estética a la danza de perímetro y el cañoneo a distancia de los Warriors y los Rockets.

En una liga que cada vez se aleja más de la pintura, resultaba un tanto anticuado el dominio de Davis y DeMarcus. Y eso sí era dominio, ganando ocho juegos al hilo, incluyendo contra contendores como los Rockets, en el momento que el Tendón de Aquiles de Cousins se desgarró yendo detrás de un rebote.

Su salida obligó a los Pelicans a hacer ajustes de imprevistos a una ofensiva que giraba alrededor de dos de los hombres grandes con más talento en la liga.

Luego de la adquisición de Nikola Mirotic, y que AD cambiara su obstinada postura de no querer jugar centro, New Orleans se convirtió en una máquina ofensiva que le impulsó a una barrida en la primera ronda de la postemporada contra Portland, a pesar de no tener ventaja local.

Esta temporada, los Pelicans le han inyectado esteroides a esa efectiva ofensiva.

En la primera semana, New Orleans anda en el tope de la liga en calificación ofensiva, en puntos por juego y ventaja de puntos ante su contrincante, para un comienzo de 4-1. Su única derrota se produjo sin Davis, quien tomó un juego para recuperarse de una dolencia en el codo.

Davis está más imparable que nunca, solidificándose como uno –sino el mejor– jugador de la liga en ambos lados de la cancha.

Sus imponentes promedios no cuentan toda la historia, aunque resaltan su impacto en todos los ámbitos, con 27 puntos, 13 rebotes y cinco asistencias.

A la misma vez, su huella defensiva de cuatro tapones y tres robos de balón trae a la mente los mejores y más versátiles jugadores grandes de los últimos 20 años, como Kevin Garnett y Hakeem Olajuwon.

En este punto de su carrera, Davis puede defender las cinco posiciones, pero nadie lo puede defender a él.

La otra estrella en la escuadra, Jrue Holiday, es de los mejores jugadores defensivos en toda la liga, con la capacidad de cargar la ofensiva en los momentos de descanso de Davis.

La adquisición del verano fue Julius Randle, proveniente de los Lakers. El primer jugador del banco promedia 18 puntos y nueve rebotes para convertir la rotación de hombres grandes en una de las mejores en la liga, junto a AD y Mirotic.

El suplente de Rondo –quien ahora anda escupiendo en Hollywood–, Elfrid Payton, está haciendo una gran imitación de Rajon, promediando 15 puntos, siete rebotes y siete asistencias.

Al final del día, es muy probable que los titulares sigan perteneciendo a los Lakers y Warriors, pero mientras haya salud en New Orleans, los Pelicans pueden llegar lejos a pesar de ir por debajo del radar.

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