Al tope Brad Stevens entre los dirigentes

La postemporada de la NBA sirve como plataforma para establecer el legado de muchos jugadores.

Los usuales sospechosos, como los son LeBron, Curry y Durant, añaden números, anécdotas y hazañas a sus ya cuantiosos expedientes.

Jugadores como Donovan Mitchell en Utah, Jason Tatum en Boston y Joel Embiid y Ben Simmons en Filadelfia utilizaron el foro para presentarse al mundo como los futuros protagonistas del evento anual.

Pero este año, a diferencia de otros, una figura le ha pasado el rolo a casi todos en establecerse como una pieza crucial en la liga por los próximos 10 años: el dirigente de los Celtics, Brad Stevens.

Su habilidad de establecer rotaciones, ingeniárselas cuando pierde jugadores por lesiones y acomodar jugadores de reparto para hacerlos lucir como estrellas ha llamado la atención de los fanáticos, de camino a unas inesperadas finales de conferencia.

En la serie semifinal contra los Sixers, en la cual vencieron 4-1 a pesar de no ser los favoritos tanto en Las Vegas como por los expertos, ganaron juegos donde los ajustes de Stevens fueron vitales en momentos donde parecía que la derrota era inevitable.

Los Celtics estuvieron abajo por 22 puntos en el segundo juego de la serie; abajo por cinco en tiempo extra en el tercer juego y abajo por cuatro con 90 segundos por jugarse en el quinto juego. Todos resultaron en victorias para los Celtics, incluyendo ese tercer juego donde la alegría y entusiasmo en Filadelfia fue tan intenso que soltaron el confeti de celebración cuando anotaron el canasto que empató el juego para mandarlo a overtime.

“Brad es un genio”, fue todo lo que pudo expresar el estelar centro dominicano Al Horford cuando se le preguntó sobre la jugada cocinada por Stevens quedando 8.4 segundos que los guió a la victoria en ese restante tercer juego de la serie.

Los Celtics tuvieron la mejor defensa durante la temporada regular, y entre los mejores cinco desde que Stevens llegó a los Celtics, demostrando que es su sistema — y no los jugadores, ya queda solo uno de su primer año con la franquicia–, la que domina ese lado de la cancha.

El argumento de más impacto sobre lo genial de Brad es la disparidad en productividad de jugadores cuando llegan a él y cuando se alejan. Desde que llegó a Boston, todos los jugadores de su rotación han tenido su mejor año bajo su tutela y todos han bajado de manera descomunal cuando se alejan.

Entre ellos se resaltan las figuras de Isaiah Thomas, Joe Crowder, Avery Bradley y Evan Turner.

El caso de Thomas y su eventual salida — pasó de sexto hombre a candidato a MVP bajo Stevens–, dejó un supuesto vacío en una ofensiva que corría completamente en sus manos. La llegada de Kyrie, otro all-star, le daba paz y tranquilidad a la fanaticada de Boston que temía por la ofensiva de su escuadra. La lesión de rodilla que dejó fuera a Irving por toda la postemporada trajo pánico a todo aquel que no veía de dónde vendrían los puntos, y se preguntaba quién correría la ofensiva.

Entonces entra Terry Rozier, un jugador de reparto que se ha convertido en estrella en estos playoffs gracias al habilidad de Stevens de adaptarse a lo que tiene.

Al comienzo de temporada, Rozier promediaba 4.3 puntos al son de 34.8 % de campo y ningún juego de 20 puntos, de acuerdo a Rodger Sherman, de The Ringer.

En la postemporada, Rozier promedia 19 puntos y siete asistencias, y ha anotado 20 puntos en cuatro de los ocho juegos.

Boston juega actualmente sin dos de sus tres jugadores mejor pagados, a saber Gordon Hayward y Kyrie Irving.

Imagine a Golden State sin dos de entre Curry, Durant y Klay Thompson, o a Houston sin uno de CP3 y Harden. O a Cleveland sin uno de LeBron o Love.

El desastre sería palpable, pero es el ingenio de Stevens, no solo para establecer un sistema, sino para ajustarlo a las fortalezas de los jugadores en cancha, lo que lo hace sobresalir.

En su tiempo en la universidad de Butler, Stevens encaminó su escuadra a dos juegos de campeonatos en sus últimos dos años a pesar de no contar con ningún McDonalds All American. Una de esas finales fue contra Duke, que contaba con siete participantes del clásico de escuelas superiores y venció solo por dos puntos a Butler.

Actualmente, la liga disfruta de una era de oro entre los dirigentes, con jóvenes sobresalientes como Snyder en Utah, Atkinson en Brooklyn, Spoelstra en Miami y Fizdale en Nueva York, y veteranos establecidos como Pop en San Antonio, Casey en Toronto, Carlisle en Dallas y McMillan en Indiana.

Pero la habilidad de Stevens de mantener un nivel de excelencia, anotar luego de cada tiempo pedido y por encima de todo ajustarse a lo que tiene, lo convierte en la crema de la crema.

 

 

 

 

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