Alba Hernández, una jugadora por todo lo alto

Hace unos 11 años, una niña de 12 años llamada Alba Hernández fue invitada por el assistant coach del equipo de voleibol del Departamento de Recreación y Deportes de Fajardo para asistir a unas convocatorias que el programa de categorías menores de la Federación Puertorriqueña de Voleibol iba a hacer en ese municipio.

Entre quienes la evaluaron allí se encontraba Jerry Batista, quien hoy en día está dirigiendo a las Pinkin de la Copa Federación, donde Alba está registrando una actuación estelar.

“A esa edad de 12 años ella medía 6-6,” recuerda Batista. “Los técnicos del programa empezaron a revisar bien las medidas, para estar seguros”.

Gracias a su gran estatura, casi de inmediato Alba fue incluida en el programa de la Selección Nacional “a pesar de que estaba bien crudita, no jugaba nada”, recordó ella.

Y al principio “como que no quería estar allí”, admitió. “Pero poco a poco fui cogiéndole apego al juego”.

Gracias al voleibol, de hecho, Alba terminó consiguiendo becas deportivas en escuela superior (con la Saint Francis School de Carolina) y universidad.

Luego de pasar un año en la universidad de Central Florida, completó los siguientes tres años de elegibilidad con el equipo de la UPR de Río Piedras bajo la dirección de Xiomara Molero.

También debutó como miembro de la Selección Nacional adulta el año pasado luego de haber figurado en las selecciones de Sub 18 y Sub 20 que participaron en los mundiales de Turquía y República Checa, respectivamente.

Pero lo más significativo, según Batista, es que “el cielo es el límite para ella”, aunque su desarrollo necesariamente ha ido a un ritmo más lento que lo acostumbrado.

“Por su estatura -para mí es posiblemente la jugadora de voleibol más alta del mundo- ella requería que se trabajara con ella de una forma especial, distinta a como se trabajaba con las otras jugadoras”, dijo. “No tenía mucha coordinación, y también tenía que trabajar mucho en su físico, además de en su juego”.

“Pero su progreso ha sido tremendo”, agregó. “Hay que darle mucho crédito al trabajo que hizo Xiomara con ella en la UPR, además por haberle dado la oportunidad de jugar y desarrollarse”.

“Yo estoy consciente de que tengo que seguir trabajando mucho“, agregó Alba, quien en la temporada pasada jugó como novata con las Gigantes de Carolina -un equipo cuyo nombre le venía como anillo al dedo-, “y el desarrollo que he tenido se lo debo a todos los coaches que he tenido, especialmente los de las categorías menores de la selección”.

“Todos me han ayudado en las fallas que han ido hallando en mí, buscando que sea más rápida y tenga mayor explosividad”, agregó.

“Cuando desarrolle más su físico”, dijo Batista, “ella va a estar de verdad en su peak, que yo creo que lo hará ya cuando tenga 26 o 27 años”.

“Y no dudo que consiga trabajo en algunas de las ligas de allá afuera”, agregó, “porque la mejor manera de lograr eso es la exposición que se tiene con la Selección, y la selección femenina está en un gran momento, viniendo de una clasificación olímpica”.

“Esa es mi meta para este año”, dijo Alba, quien acaba de completar su bachillerato en trabajo social, “conseguir trabajo en una liga del exterior”.

En ese sentido, la jugadora, quien es hija única pero cuyos padres miden ambos más de seis pies aunque ninguno sobresalió en los deportes, estaría siguiendo los pasos del familiar que sí ha brillado como atleta a nivel internacional: su primo, el estelar baloncelista Peter John Ramos.

“Tenemos una relación muy buena”, dijo, “y nos pasamos texteándonos, pero obviamente no podemos estar mucho tiempo juntos porque él siempre está jugando allá afuera”.

 

 

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